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XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - 2014

Aprendan de la carga ligera de Jesús

¿Por qué tantas personas a dejan de vivir la vida cristiana? Bueno, es una carga. Sienten que les priva su libertad. Prefieren vivir en la carne y hacen lo que quieren sin pensar en el pecado y sus consecuencias. Creen que no necesitan a Dios y así se llenan de sí mismos. Y otros piensan que necesitan a Dios porque están agobiados por la vida, por las exigencias de la carne, por la necesidad de trabajar para ganar dinero para comprar cosas, la necesidad de trabajos para verse bellos para ser aceptados, de los esfuerzos por ser populares con el fin de tener amistades. Ellos son los sencillos/ los más pequeños que Cristo nos habla en el Evangelio de hoy. Estos no están llenos de sí mismos y por eso son capaces de llenarse con Dios, con su sencillez, y con su amor.

¿Y usted? ¿Está satisfecho de vivir simplemente por los placeres de la carne? ¿Es por usted mismo fuerte y sabio, o necesita a Dios? ¿Necesita su Espíritu? ¿Necesita venir a adorarlo y recibir su amor y consuelo todos los domingos? ¿Cuándo tiene un mal día va a Él?

Incluso Jesús tuvo días malos. Él se cansó de la vida. Se sintió frustrado cuando las personas no le hacían caso o lo tomaba en serio. De hecho el Evangelio de hoy, toma lugar justo después de que fue rechazado por muchos pueblos. ¿Se ha sentido rechazado por los demás? ¿Alguna vez se ha sentido que no encaja? Bueno, el Evangelio de hoy es para usted. ¿Cómo Jesús reaccionó cuando se sintió rechazado por los demás en el mundo? ¿Se deprimió y busco cubrir su dolor en los placeres de la carne: comiendo, bebiendo, en el sexo, viendo televisión o Internet durante horas? ¡No! Jesús respondió a las decepciones de la vida con estas palabras: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”

Fue en las dificultades que Jesús se sintió más cercano a su Padre celestial. Y es por eso, cuando las cosas se ponen difíciles debemos ¡dar gracias a Dios! Puede sonar extraño y contra-cultural. ¡Y lo es! Pero debemos alabar a Dios siempre, porque Él cuidara de nosotros. La próxima vez que tenga un momento difícil o se sienta deprimido inténtelo. Dele gracias a Dios por un momento y verá si no se siente consolado.

Tenemos que aprender de Jesús. Él dice:

“Vengan a mí, todos lo que estén fatigados y

agobiados por la carga, y yo los aliviare.

Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí,

que soy manso y humilde de corazón, y encontraran descanso,

porque mi yugo es suave y mi carga es ligera”

Estas palabras son muy reconfortantes y consoladoras.

Muchos no quieren vivir la vida cristiana, ya que la ven como una carga. , ser católico es una nueva forma de vida. Es un “yugo” que tenemos que aprender a llevar. El “yugo” era un instrumento utilizado para trabajar por los animales; tenía espacio para dos, de esa manera la carga podría ser compartida. Y puede parecer difícil o incluso imposible vivir la vida cristiana. Pero no tenemos que llevarla solos. Jesús promete llevarla con nosotros. De esta manera somos liberados de vivir sólo para los placeres de la carne los cuales se sienten como la libertad, pero nos llevan a la esclavitud. Por eso, no se nos ha dado la vida cristiana para oprimirnos sino para liberarnos.

Pero es cierto que la fe católica puede parecer un montón de reglas que hemos de seguir, las cuales nos agobian. Esto es así, porque algunos cristianos bien intencionados lo interpretan como los Fariseos interpretaron la ley judía. Tenían que hacer todo bien y la usaban para para oprimir a las personas no para ayudarlos o liberarlos. Es por eso que la fe puede ser objeto de abuso por aquellos que dicen conocerla bien. Se convierten en los “sabios y eruditos” que Jesús habla en el Evangelio.

Se vuelven rígidos y con arrogancia, o incluso enfadados, condenan a otros en vez de juzgarlos con misericordia. No tienen el Espíritu de Cristo en ellos. El Papa Francisco nos ha estado tratando de advertir sobre este punto de vista, excesivamente formalizado en el que se utiliza la fe como arma para herir a los demás en lugar de un medio para ayudar a encontrar descanso en el corazón manso y humilde de Jesús. Así que hay los dos extremos, los que acaban de vivir por la carne, y los que utilizan la fe llegando a ser demasiado rígidos. Ambos viven en su propio espíritu y no por el Espíritu Santo: Uno se basa en un falso sentido de libertad y el otro en el miedo y la justicia propia. ¿Cómo evitar caer en los extremos? Por eso tenemos que continuar siendo “sencillos/pequeños” con el fin de tener el Espíritu de Cristo en nosotros.

Muchos de nuestros adultos jóvenes están a punto de recibir la Confirmación que los iniciara completamente en la Iglesia. El Espíritu Santo les dará muchos dones para vivir la vida cristiana al servicio de los demás. En cierto sentido, ustedes se convertirán en adultos católicos. Pero para ser un cristiano adulto significa que han llegado a darse cuenta de que ustedes son hijos de Dios, uno de sus “pequeños.” La prueba de este maduro cristianismo es si usted admite que necesita a Dios y habla con él como su Padre, como lo hizo Jesús; venga o no a Misa para alabarlo todos los domingos; viva en el Espíritu y no en la carne. Cristo comparte con usted su espíritu para que usted sea testimonio cristiano para los demás y pueda servir a los necesitados.

Y hoy Jesús nos revela su corazón para que podemos llegar a ser mansos y humildes como Él, y vivamos nuestras vidas para ayudar a otros a llevar su carga. Entonces nos daremos cuenta que la vida cristiana no es una carga, sino que es fácil y ligera. Amén.

Padre Timothy Gallagher

7-4-14

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