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25 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Propietario de tierra generosa

Escuchamos en el evangelio hoy Jesus pide: “¿Por qué están aquí? ¿Por qué estamos aquí el día de hoy? Estamos aquí porque en la vida hemos buscado la misericordia de Dios y la hemos encontrado en la persona de Jesucristo. Jesús nos ha revelado que Dios es generoso, y clemente, y no quiere condenarnos pero perdonarnos. Y es por eso que hemos llegado a ser cristianos. Y ahora todos tenemos el privilegio de trabajar en su viña que es su Iglesia. No es fácil. Es un duro trabajo: Tenemos que orar, seguir los mandamientos, hacer el bien, evitar el mal, cada domingo tenemos que adorar al Señor y tenemos ayudar a los necesitados. Pero, si somos verdaderos cristianos este trabajo es un gran privilegio y honor porque trabajamos para el Señor, el ¡Dios que nos ha salvado! No trabajamos por dinero sino por amor, por amor a Dios y al prójimo.Y es una alegría cuando otros unirse a nosotros, hasta tarde en la vida, en este trabajo para construir el Reino. Estas son las lecciones que aprendemos de la parábola Jesús da nosotros hoy en el Evangelio.

Trabajamos sabiendo que se nos ha prometido la vida eterna en el Cielo. Esta es la motivación detrás de la obra de San Pablo como lo escribe en la segunda lectura a los Filipenses. A pesar de que quiere estar con Cristo en el cielo, él dice: “pero si continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto” Si nos damos cuenta de que hemos sido salvados de la muerte eterna, entonces esto nos llena de alegría y felicidad a el trabajo en la viña del Señor, mientras que tengamos vida aquí en la tierra.

Algunos podrán quejarse por trabajar en la viña, de cómo el ser cristiano es carga más que un beneficio. Dicen: “Si no fuera católico, no tendría que preocuparme de los mandamientos, ir todos los domingos a Misa o esperar el matrimonio para tener relaciones sexuales, no tendría que dar a la Iglesia y a los pobres, por lo menos el diez (10) por ciento de mi sueldo; podría tener la vida fácil como todo el mundo.” Todos hemos tenido en algún nivel pensamientos similares, incluso los sacerdotes. A veces no nos damos cuenta de cuán grande es el honor y el privilegio de ser cristiano, conocer el amor y la misericordia de Dios, para poder honrarlo con cada palabra, pensamiento y obra. Así que el verdadero desafío de ser cristiano no es el trabajo pero es amar a Dios más que a nosotros mismos.

Entonces cuando empezamos quejarnos, el siguiente paso es que dejamos de trabajar por amor y solamente por obligación; y finalmente dejamos de trabajar en lo absoluto en la viña del Señor: dejamos de orar, dejamos de ir a Misa, dejamos de esperar el matrimonio, dejamos de ser bondadosos y misericordiosos con otros. Y aunque no lo admitamos, en afecto dejamos de ser cristianos y así perdemos nuestra salvación.

Muchos cristianos dejan de seguir a Cristo porque ven lo que otros tienen en el mundo, y crecen en envidia. Envidia por sus cosas, su estilo de vida, que lo tienen fácil. Es verdad, parecen tener mucho más pero infinitamente tienen menos. Pero los vemos y llegamos a estar tan preocupamos de lo que no tenemos que no damos gracias por lo que tenemos. Tengo mi salud, tengo mi familia, tengo vida, tengo amor, tengo la capacidad para escuchar, a pensar, a ver. Gracias Dios!Pero una persona que siempre ha tenido la habilidad de ver ni siquiera pensaría en agradecer a Dios por haberle dado la vista. Lo da por sentado y se queja porque no puede tener frente a sus ojos todas las cosas de su prójimo: Mejor aspecto, casa más grande, mejor coche, más dinero. Nunca pensaría en la posibilidad de no ver nada en absoluto. Envidia nos ciega a las muchas bendiciones que Dios nos ha dado.

La semana pasada tuvimos una generosa donación de otra parroquia, un gran regalo de caridad. El donante quiso que los boletos estuviesen disponibles para toda la comunidad y se ayudara aquellos necesitados que no pueden comprar regalos de navidad para sus hijos. ¿Pero este regalo de caridad hizo crecer en agradecimiento a la comunidad o hizo que creciera en envidia? ¿Hubo algunos que tuvieron celos de que otros hubiesen tenido boletos y ellos no? ¿Tiene envidia de la generosidad de Dios? Algunos pensaron “Bueno, me merezco un boleto porque hago esto y lo otro en la parroquia” ¿No es esta la actitud de los trabajadores celosos en el Evangelio del día de hoy? ¿Hacemos cosas para la Iglesia para obtener algo en retorno, o las hacemos por amor de Dios? Algunos dirán, “Hubo personas que nunca vienen a la iglesia y tuvieron boletos” ¿Pero no es bueno que viniesen y escucharan el Evangelio de la Salvación que tenemos por la Cruz de Cristo? Tal vez es la única oportunidad que tienen de salvación. Algunos podrán decir: “Esta persona tuvo boletos, pero tienen un buen coche o tiene TV por cable.” Bueno, estoy seguro de que algunos abusaron del regalo de caridad y robaron a los que realmente lo necesitan. El evangelio de hoy dice: Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” Así que Dios los juzgará. Usted no tiene que hacerlo. En cambio estemos agradecidos por los regalos que tenemos, nuestra salud, nuestros hijos, nuestra capacidad de amar y perdonar, y el regalo más grande de todos, ¡nuestra fe en Cristo y el privilegio de trabajar en su viña.

Hoy es el Domingo del Catequista y le damos las gracias a todos los que trabajan en la viña de Cristo, en orden de enseñar la fe católica a nuestros jóvenes. Ciertamente, no es un trabajo fácil. Los catequistas sacrifican mucho. Tienen que pasar muchas horas, no sólo ensenando en clase, sino preparando el material y la planificación de su clase antes de tiempo. Ellos saben que no deben sólo enseñar a su propia opinión, sino lo que Cristo enseña a través de su Iglesia. Y la mayor responsabilidad que tienen no sólo es lo que enseñan en clase, sino el ejemplo que dan a través de su vida Cristiana, preparándose en oración para la Misa todos los domingos, con frecuencia pidiendo la misericordia de Cristo en la Confesión, y siendo testimonio gozoso del Evangelio. ¡Todo esto y no reciben ni siquiera un sueldo por hacerlo! ¡Esta es una verdadera obra de amor! Así que personalmente yo les doy las gracias a todos aquellos que de forma voluntaria responden el llamado de Cristo para trabajar en su viña como catequistas.

Los Obispos de Estados Unidos / América han ofrecido un tema para este Año de Catequesis: “Enseñar sobre el Regalo del Perdón de Dios.” El perdón de los pecados no se puede enseñar a menos que sea experimentado por primera vez. Es por eso que Jesús nos ha dado el Sacramento de la Reconciliación. En la confesión, llegamos agobiados por nuestros pecados al Señor, y el por su misericordia, nos perdona, nos sana y nos vamos con gran alegría y paz. Es el mismo Cristo que perdona los pecados a través del sacerdote. ¡Qué gran regalo!

Que Cristo nos ayude a todos a apreciar más las bendiciones de nuestra Fe y el privilegio de trabajar en su viña, al recordar que a pesar de ser cristiano nos hace últimos en esta vida, Cristo nos promete que seremos los primeros en el Reino de los Cielos.

Padre Timothy Gallagher

9-18-14

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