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XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 2014

La Dedicación de la Basílica de Letrán

En el evangelio de hoy tenemos una visión de Jesús la cual no es muy agradable. A la mayoría de nosotros nos gusta el buen Jesús. Pero cuando llegó al templo sagrado de Jerusalén, el cual Jesús llama la casa de su Padre, soltó su ira en orden de limpiar el templo. El templo era de ser santo, pero el pueblo lo había convertido en un lugar de mercado, un lugar de negocios y de codicia. Este episodio revela dos grandes misterios: uno sobre el templo estructura no sólo como edificio, sino como lugar sagrado; y el otro sobre el templo del Cuerpo de Cristo como algo aún mayor que ni siquiera la muerte puede destruir.

Nuestras iglesias hoy son los templos sagrados y debemos protegerlos con el mismo celo de Jesús a fin de evitar que caigan en lugares de codicia y corrupción. El templo, en el tiempo de la vida de Jesús y la iglesia y nuestro tiempo, representan el reino de los cielos, y por eso que debe ser hermoso, sagrado, reservado para la oración y adoración. Las iglesias son más que edificios. Son terreno santo y debemos sentir la presencia de Dios cuando entramos. Es por eso que deben construirse y mantenerse con gran cuidado. A veces puede ser necesaria una limpieza para corregir errores o abusos para que el edificio de la Iglesia siga siendo un signo exterior del Templo Celestial. En tiempo reciente muchos arquitectos perdieron esta teología de la Iglesia y, por eso muchos edificios de la iglesia fueron construidos donde el sentido de lo sagrado era todo pero se había perdido. Por eso las iglesias deben ser construidas de manera que reflejen la bella teología de nuestra fe católica.

Hoy se conmemora el aniversario de la dedicación de la primera iglesia cristiana en Roma, llamada San Juan de Letrán. Fue construida a principios de los tres cientos (300) después del Cristianismo fue legalizada por primera vez por el Emperador Constantino. Fue la iglesia donde el papa residió y performo bautismos y eventualmente fue nombrada después San Juan Bautista y San Juan Evangelista. El papa vive aún en la Ciudad del Vaticano pero San Juan de Letrán sigue siendo su catedral oficial. A lo largo de los siglos la iglesia fue destruida varias veces por el fuego, la guerra, y los terremotos, pero cada vez fue restaurada y siendo más y más hermosa. Por lo tanto, la historia de la Basílica de San Juan de Letrán es símbolo de toda la Iglesia. Muchos han tratado de destruirla pero siempre esta ha sobrevivido. La Iglesia ha sufrido la corrupción de sus propios miembros que fueron motivados por la codicia. Sin embargo la Iglesia continua sobreviviendo y luchando porque se compone de mucho más que ladrillos y cemento, sino de piedras vivas, hombres y mujeres quienes llenos con el Espíritu Santo, Dios usa para construir su Templo Vivo.

Y esta es la más profunda y parte importante del mensaje de hoy. Jesús hace referencia a su propio cuerpo como un templo vivo cuando dice “destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré” Cristo fue condenado a muerte pero se levantó en la Resurrección de entre los muertos. Y Él ahora quiere que nuestros cuerpos sean también templos vivos. Por el bautismo hemos sido lavados del pecado y hecho parte del Cuerpo vivo de Cristo. Por eso tenemos que respetar y mantener limpio de la corrupción del pecado el templo de nuestro propio cuerpo, para que aunque este sea destruido por la muerte, vuelva en la Resurrección de entre los Muertos.

Decía San Pablo a los Corintios en la segunda lectura: “¿no saben acaso ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Quien destruye el templo de Dios será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo” Ahora podemos comprender la ira de Jesús en el evangelio de hoy. Sí, Jesús es compasivo y misericordioso, suave y dulce. Pero cuando se trata de alguien abusando de la casa de su Padre, Él se pone en posición de ataque. Cuánto más Jesús es celoso con quienes tientan a los cristianos a pecar. Él lo toma personalmente porque estos están tentando el Cuerpo de Cristo, están profanando el Templo de Dios.

Por eso como cristianos, nuestras palabras, acciones, comportamientos, e incluso nuestra ropa revelan al mundo si somos o no verdaderos templos de Dios. Nuestro mundo tienta a nuestros jóvenes a tratar sus cuerpos como templos, pero no como templos del Espíritu Santo, sino como templos del placer, orgullo, codicia y lujuria. El mundo define la ropa que deben usar para que el cuerpo sea un templo de atracción sexual. Pero considere nuestro templo de culto: ¿Lo trataremos como lugar de culto en el día, y sin embargo en la noche como centro nocturno? Cuánto más importante es nuestro templo de adoración es el templo de nuestros cuerpos. (Por ejemplo, si alguien celebra en la iglesia una quinceañera lo cual representa que ha llegado a ser una mujer cristiana madura, pero después va a un salón para bailar sugiriendo que está lista para el sexo, esto no es apropiado.

Hay muchas tentaciones de lujuria en nuestra sociedad: en las películas, en la televisión, en el internet. La pornografía, la cohabitación, la masturbación, la ropa inmodesta, corrompen el cuerpo.)

Sin embargo no quiero condenar a nadie sino darle esperanza. Como cristianos tenemos que ver nuestros cuerpos como sagrados, tienen una teología como nuestro edificio de la iglesia. Ellos representan a Dios. Y estas no son mis palabras. Estas son las palabras de nuestro Señor. Estas son las palabras de San Pablo. Estas son las enseñanzas de la Iglesia. Y Dios no trata de quitarnos nuestra diversión. Podemos disfrutar del vestirse bien con ropa modesta. Podemos disfrutar de la diversión de bailes culturales en la medida que estos no abusen de inmodestia. Estamos llamados a dejar de vivir dos vidas,actuando como un cristiano a veces y en otros momentos y lugares no. Todos tenemos que trabajar para mantener nuestros templos sagrados, puros y limpios de pecado todo tiempo. Esto es difícil. De hecho, sería imposible si Jesús no nos da la gracia para hacerlo; si Él no nos hubiese limpiado en las aguas del bautismo; y si no hiciese posible ir a la Confesión y nuevamente lavarse por su misericordia; si cada vez Él no nos edifica caemos.

De la misma manera que la Basílica de San Juan de Letrán, que fue destruida muchas veces, sin embargo hoy está de pie como un bello monumento por la gloria de Dios, Dios nos restaura cada vez que caemos, Y, a través de este proceso su gracia y misericordia nos hace más y más hermosos en nuestra vida cristiana. San Pablo dijo: “Hermanos y hermanas ustedes son edificación de Dios, fundada por Jesucristo. El Espíritu de Dios mora en ustedes.” Este es un gran consuelo al continuar recordando y orando por las almas de los fieles difuntos en este mes de noviembre. Necesitamos mantener nuestro propio final en mente para mantener el templo de nuestros cuerpos santos. Así, al igual que Cristo, no seamos corrompidos sino compartamos con El la resurrección de los muertos en la Jerusalén celestial. Amén.

Padre Timothy Gallagher

11-7-14

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