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A lo largo de Adviento nos hemos estado preparando para esta noche. Y la manera que nos preparamos no es haciendo más sino menos. Esto puede parecer extraño a nuestro mundo que aparenta estar en una competencia para ver quién puede hacer más en un solo día o quien puede lograr más al final de su vida. Pero nosotros hemos intentado cambiar esta tendencia en nuestras vidas para que nos podamos enfocar más en lo que Dios nos ofrece y no en lo que el mundo nos da. Hemos intentado simplificar nuestras vidas. Incluso La Iglesia simplifica la Liturgia en el tiempo de Adviento. Como muchos de ustedes se abran dado cuenta, no hemos rezado la Gloria los últimos cuatro domingos.

Pero esta noche una vez más nos unimos a todos los ángeles y a “la multitud de los ejércitos celestiales…alabando a Dios y diciendo: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes él se complace” (Lucas 2:14). La gracia de Dios está sobre nosotros esta noche, por que como los pastores en el Evangelio, hemos sido invitados a un evento maravilloso; por que como dijo el profeta Isaías, “un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado” (Isaías 9:6). Y él es nuestro Salvador, Cristo el Señor.

El regalo de la Navidad es el nacimiento de Dios a nuestro mundo, el mundo que el creo y nos dio, pero sin embargo un mundo que cayó entre caos cuando la raza humana se voltio contra su creador para seguir nuestro propio camino. Y todavía sentimos el resultado de este pecado a través de la perdida de la harmonía entre hermanos y hermanas, esposos y esposas, entre familiares, entre grupos de personas, y entre las naciones del mundo entero. Ultimadamente, cuando nuestro mundo se voltio contra Dios perdimos a nuestro mejor amigo y nuestra fuente de paz. Y desde entonces hemos estado intentando recuperar esta paz por varios esfuerzos humanos que siempre han caído cortos. Y el resultado vez tras ves durante la historia humana ha sido relaciones rotas entre los pueblos y las naciones y entre los individuos. La evidencia de esto es las familias que sufren a través del divorcio o los países que sufren a través de las guerras. Y entonces Dios vino a nosotros, no en gloria, sino en humildad, como un bebe quien era dependiente de su madre. El vino para salvarnos, nuestras familias, para salvar todas las naciones, para salvar todo el mundo entero, no con los métodos científicos, o el poder del dinero ni las armas de guerra, sino con el poder del amor. Por lo tanto, Jesús es la respuesta a todos los males y quebrantamientos de nuestro mundo, a un nivel personal y a un nivel universal.

Como seres humanos, todos somos únicos, pero esencialmente todos queremos lo mismo: queremos lo que nuestros primeros padres, Adán y Eva, un día tuvieron: tranquilidad mental, harmonía con todos quienes nos rodean, y esa paz del corazón que nos hace feliz. Esto también es cierto para las personas que no creen que Jesús es el salvador del mundo o para las personas que ni siquiera creen en Dios. Porque es el deseo de cada corazón humano. Queremos paz. Pero al parecer no podemos alcanzarla. Entonces ocupamos nuestras vidas con todo tipo de actividades en búsqueda de ella. Pero tan solo alcanzamos pequeñas porciones: como lo que dura nuestro programa favorito o película favorita o ese helado que tanto nos agrada. Cuantos padres dejan que sus hijos se sienten frente la televisión o computadora para obtener tan solo unos momentos de paz? Y a los niños les encanta, pero en cuanto se termina, también termina su paz. Buscamos paz en relaciones con otros, pero siempre terminamos decepcionados porque todos somos pecadores que están destituidos de la gloria de Dios.

Nuestro mundo busca obtener paz al nivel global. Cuantas canciones han sido escritas sobre el tema de la paz? Cuantos arreglos de paz han sido discutidos entre grupos y naciones? Cuantos tratos de paz han sido firmados a lo largo de nuestra historia? Todo el mundo lo quiere. Pero aunque han sido buenos y útiles estos esfuerzos humanos, siempre han caído cortos. Esto es porque la paz no es simplemente una idea o estilo de vida o algo que se obtiene de un contrato entre dos personas. No es simplemente la ausencia de conflicto entre dos naciones enemigas. Es mucho más. La paz es una persona.

Y por fe nosotros sabemos que él es la segunda persona de la Santísima Trinidad quien ha venido a nuestro mundo para que nosotros lo conozcamos personalmente y atreves de el podamos obtener la paz verdadera. Eso es lo que celebramos esta Navidad, este hombre que es la paz. Isaías el profeta dice de el: “Nombran le…pregunto-Consejero, Dios-Héroe, Padre-Para siempre, Príncipe de la Paz.” Jesús es Cristo nuestros Señor, el Dios Poderoso que nuestro mundo necesita. El Admirable Consejero que va a remediar todo. El Padre Eterno quien sana nuestras familias rotas. El Príncipe de Paz quien termina guerras y trae harmonía a todas las tierras y naciones, a todas las mentes y cada corazón.

Pero porque nuestro mundo todavía no encuentra esta paz? Tal vez todavía está buscando la idea de paz y no la persona de paz. Como puede ser tan fácil, cierto? Como puede una persona tener todas las respuestas a todos los problemas de nuestro mundo? Pero así de simple es. Pero nuestro mundo tiene miedo seguir esta solución tan simple. Pero la pregunta más importante es…porque tú todavía no tienes esta paz? Tal vez es porque tú todavía tienes miedo. Tal vez temes que esta verdad es demasiado buena para ser cierta. Tal vez temes soltar tus pecados que te ofrecen comodidades falsas y solamente paz temporal. Tal vez hay un miedo que otros te verán diferente o que alguien se burle de ti por ser un verdadero seguidor de Cristo. Tal vez alguien en la Iglesia, un familiar, otro feligrés, o un sacerdote, te haiga ofendido con un mal ejemplo y por eso ha perdido la confianza. Tal vez simplemente tienes miedo del compromiso. La verdad es que hay muchos tipos de miedos que todos tenemos.

Entonces esta noche yo quiero animarlos con un poco de sabiduría angélica: “No tengas miedo!” Estas son las palabras que el ángel dijo a los pastores en Belén la noche en que nació Jesús. El Evangelio describe como los pastores quienes velaban la noche: “…se llenaron de un gran temor.” Saben, nosotros somos como esos pastores. Todavía vivemos en ese mundo oscuro. Todos nosotros hemos sido lastimados de una manera u otra.

Todos hemos sido decepcionados. Y como los pastores fácilmente tememos, tememos más decepción, tememos que nos lastimen, tememos confiar una vez más. Todos tememos el Dios que quiere castigarnos. Pero nuestro fuerte y poderoso Dios ha venido a liberarnos de ese temor. Y es por eso que él se hiso pequeño, un bebe chiquito, quien necesita ser amado. No temas abrasar al niño Jesús junto de ti esta noche para que creas que él te ama. No temas sentir su amor en tu corazón. No temas creer que él es el verdadero Dios quien te salva de las decepciones de la vida. Y no temas abrir este gran regalo y dejar que su gracia llene tu alma con paz eterna. AMEN!

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