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Una vez más iniciamos el Adviento, un nuevo año de adoración del Señor y de preparación para su regreso.

Adviento significa “venida” y por lo que una vez más tenemos este tiempo para prepararnos para la venida del Señor.
¿Cuándo regresará Jesús? Jesús mismo nos da la respuesta en el evangelio el dia de hoy: “Ustedes estén preparados porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre” Dice que esto no para asustarnos sino para prepararnos. Porque gran parte de nuestras vidas la pasamos: yendo aquí, yendo allá. Es una vida bastante activa. Pero ahora este tiempo de Adviento nos invita a hacer una pausa en nuestra actividad, para tomar un descanso del constante que hacer y asumir un espíritu de espera; de espera gozosa para la venida del Señor. El mundo quiere utilizar este tiempo para estar más activo. Pero la Iglesia nos invita a no seguir las tendencias del mundo que nos agotan y nos impide experimentar la espiritual renovación que este tiempo nos ofrece. No es que sea malo estar activo. Sino que cada año nosotros como católicos, como el Cuerpo de Cristo, tenemos un tiempo especial de pre-actividad para que podamos regresar a nuestra actividad y tener una razón y un propósito para ellos.

Así que tenemos que tener una meta. De lo contrario, nuestra actividad se convierte en una distracción. ¿Cuántas veces nos encontramos tan ocupados con cosas que llegamos a estar irritados o enojados? A veces ni siquiera sabemos por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo y perdemos la motivación.

Es cuando la tentación se convierte en una fácil alternativa a seguir porque el placer pecaminoso nos ayuda a evitar pensar en lo que se trata la vida. Es por eso que usamos este tiempo de Adviento para restablecer nuestro curso, para re-iniciar una clara visión este año para nuestras actividades. Para hacer el seguimiento de Jesucristo nuestro propósito en la vida. Cristo nos da una visión clara. Él vino a nuestro mundo para mostrarnos el camino. El dejo nuestro mundo para prepararnos un lugar en el Cielo. Y él volverá otra vez para llevarnos allá. Así que como cristianos nuestro enfoque en la vida es prepararse para el regreso de Jesús, La Venida, Adviento.

¿Cómo nos preparamos? ¿Cómo estamos listos para la venida del Señor? Primero: Calmamos nuestras vidas. Fomentamos en nuestras mentes y corazones el silencio. Silenciamos las palabras del mundo para poder escuchar la Palabra de Dios. Por eso, menos música por la radio o menos televisión para escuchar La Palabra de Dios en la Biblia (lo que significa abrir la Biblia y hacer esta actividad llamada “lectura”). También podemos ayunar, no sólo comida, sino ayunar de las tantas actividades, ayunar de la internet, las electrónicas; también de las cosas agradables de la vida, con el fin de centrarnos en Jesús, pasar más tiempo en oración, y mediar en el don de la vida eterna, Envés de ver televisión, en familia puede rezar el rosario o leer de la Biblia en familia.

Puede ir de la mano con la confesión para limpiar su alma y prepararla para la venida del Señor. Jesús quiere que estemos listos. Él no quiere que estemos distraídos por los placeres de la vida. Los placeres no son malos, a menos que se conviertan en las únicas cosas por las cuales vivimos. Jesús lo deja bien claro en el Evangelio cuando habla del diluvio. Las personas comían y bebían, perdiendo todo su tiempo preocupados con placeres de amor conyugal... no cosas malas, sino que ellos las vivían en exceso, tanto es así, que no podían escuchar la palabra de Dios. Por lo que se perdieron en el diluvio. ¿No es esta una descripción de nuestro mundo hoy? ¿Cuántos no vienen más a la iglesia? ¿Cuántos están viviendo sólo por los placeres de la vida sin Dios? No se están preparando para el regreso de Jesús.

San Pablo habla de los que viven esta vida como si esta fuese todo lo que hay: Describe cómo las personas vivían en orgías y borracheras, en promiscuidad y lujuria, en rivalidad y celos. ¡Estas personas no tenían un plan de juego! ¡No tenían una meta en la vida! No podían ver el gran regalo de la vida eterna en el cielo. Es como hablar con una pareja de jóvenes y decirles que esperen porque Dios tiene un mejor y gran plan para ellos. Pero quieren tanto el placer que no escuchan y luego sufren las consecuencias. Es por eso que tenemos que vivir de otra manera. San Pablo dice: “Porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer; la noche está avanzada, y se acerca el día; Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz”.

Sí, una vez que Cristo está en su vida, esto hace la vida más desafiante/difícil. Se siente a veces como si estuviésemos subiendo una montaña. Vea cómo muchas personas sacrifican muchas cosas por la gloria en la tierra, dinero, fama. Sin embargo éstas sólo duran para esta vida. La montaña que estamos subiendo tiene como meta vida eterna en el Cielo. Isaías el profeta dice: “Vengan subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob” Por lo tanto, la subida es dura, pero la vista desde la cima de esta montaña es gloriosa y en el Cielo seremos felices ¡para siempre! Así que vale la pena subirla. Ciertamente, los placeres del mundo se sienten bien durante un tiempo y es por eso lo que muchas personas viven por ellos. Las montañas de la lujuria, borrachera, poder y celos son falsas montañas y las personas caen siempre en la ruina por ellas. Por eso estamos subiendo la verdadera montaña, el Monte del Señor.

Así que ahora tenemos nuestro objetivo en mente vamos a utilizar este tiempo sabiamente y escuchamos las palabras de Jesúsno con temor sino con emoción cuando nos dice: “también ustedes estén preparados porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre” Estas palabras no son para asustarnos, sino para prepararnos. Dejemos que este tiempo de Adviento sea un tiempo lleno de alegría y preparemos nuestros corazones para la venida del Señor. Amén.

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