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Ayer, fui invitado a celebrar una fiesta con alguien que comparte mi fecha de nacimiento aunque ellos nacieron treinta y tres (36) años después que yo. Debo decir que la pase bien. Disfruté el ver la diversión que todos los jóvenes tenían. A esa edad son libres para divertirse y seguir su imaginación. Esta noche quiero que tratemos de enfocarnos de manera similar en este día de fiesta y que tratemos de usar nuestra imaginación.

Imaginémonos que nuevamente tenemos seis (6) años. ¿Se acuerda qué inocente era, lo mucho que disfrutaba las cosas simples? Usted podría pasar horas de diversión simplemente con una caja y un palo. Esto es porque que los niños no tienen miedo de usar su imaginación, son más libres. El día de hoy celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.

Una solemnidad es el nivel más alto de una fiesta que tiene la Iglesia. Se debe a que la Inmaculada Concepción es un gran acontecimiento histórico. María se salvó del pecado por la gracia de Dios en el momento en que fue concebida en el vientre de su madre. Por lo tanto, ella fue la primera persona en la historia humana que nació sin pecado. Ahora, difícilmente podemos imaginar lo que es eso. Nadie tenía ese nivel de pureza desde las dos primeras personas que habían existido, Adán y Eva. Pero cayeron en el pecado. Y ahora estamos tan acostumbrados a los efectos del pecado en nuestro mundo y en nuestra vida que es difícil imaginar a alguien que no tenga pecado. Pero esta noche quiero que usted intente. Imagine que con Dios todas las cosas son posibles.

Imagínese que la Inmaculada Concepción está con nosotros, que María está presente aquí en este santuario esta tarde, con toda su belleza y toda su humildad, y no debemos tener miedo de permitir que estos pensamientos nos llenen de alegría, de felicidad y con paz.

Eso es lo que la presencia de María nos trae: alegría, felicidad y paz. Pero la verdad es que ella realmente está presente con nosotros y no es sólo en nuestra imaginación. Sólo tenemos que tener fe, la fe de un niño, incluso si ya como adultos no tenemos una imaginación muy creativa.

María fue concebida sin pecado para que pudiese ser un lugar adecuado para concebir en su vientre a Jesús, el Hijo de Dios, a través del poder del Espíritu Santo. Pero María, aunque era llena de gracia, como dijo el Ángel Gabriel, tuvo que aceptar su papel y no tener miedo de seguirlo. María fue llena de gracia en el momento en que fue concebida.

Estamos llenos de gracia en el momento en que somos bautizados y después crecemos en esta gracia por medio de los demás sacramentos. Pero tenemos que aprender a actuar en la gracia al igual que María. El Evangelio nos da la descripción de la reacción de María hacia el ángel. Ella no sólo ciegamente lo sigue. Ella primero discierne la llamada. Así vemos que a pesar de que estamos llamados a ser inocentes, no estamos llamados a ser ingenuos, tenemos que ser inteligentes como una serpiente. Tenemos que saber reconocer la tentación del diablo y evitarlo. Así que tenemos que ser inocentes pero inteligentes.

Esa es la mejor descripción de María - ella es toda pura e inocente, ¡inmaculada! Pero no es ingenua. Las personas ingenuas aceptan todas las cosas sin consideración y si no son cuidadosas son seducidas a una mala decisión, como Eva, que era inocente, pero quizás ingenua. María, por otro lado está muy familiarizada con la historia de pecado por la gracia, aunque ella fue preservada del pecado. Y por eso, cuando el ángel entro donde ella estaba, ella no lo siguió inmediatamente. Ella sabía que el diablo es un también un ángel, aunque un ángel caído, por eso María fue al principio fue cautelosa, hasta que el ángel le revelo que su mensaje no era un plan para hacer de ella un dios como Eva fue tentada a creer, sino un plan para usarla para traer a Dios al mundo. Una vez que reconoció que el mensaje del ángel complementaba el plan de Dios para traer al mesías, humildemente respondió que sí a este.

Así que estamos llamados a este nivel de inocencia. Ser como niños. Como Juan Diego. María lo visitó más de la misma manera que el ángel Gabriel visitó a María. Y Juan necesitaba algún tiempo hasta que siguió a sus palabras. María ayudó a Juan y ella nos ayudará, también, ser santo, puro, llena eres de gracia, Inmaculada. Pero tenemos que creer que es posible, no para lograrlo por nosotros mismos, sino posible para que Dios lo cumpla en nosotros. Debemos aprender a utilizar la gracia que se nos ha dado para discernir lo que es y no es de Dios. Y cuando se ha determinado que algo es auténticamente de Dios debemos ser como María y decir sí a la misma. Entonces Dios podrá llevar a cabo su plan y Jesús podrá entrar en nuestro mundo, en nuestra parroquia, en nuestros hogares y en nuestras familias a través de nuestra cooperación. Que la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María nos dé el valor que con Dios todas las cosas son posibles, y no tener miedo de permitir que la Santísima Virgen María nos guíe en este tiempo de Adviento para disfrutar de la inocencia de los niños, como poco Juanitos, que esperan la venida de Jesús en el mundo. Amén.

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