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Hemos llegado al último día de Navidad. En el Evangelio escuchamos la voz del Padre Celestial decir: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” Dios nos ha dado el mejor regalo de Navidad, a su propio Hijo. Pero Jesús ya no es más un bebé ahora es un hombre adulto listo para hacer la voluntad de su padre. Jesús nos ayudará a ser adultos cristianos quién está listo para hacer la voluntad de Dios.

Iniciamos el Adviento escuchando acerca de Juan el Bautista preparando a las personas para recibir este gran regalo de Dios, y su ministerio llega a su fin cuando aparece Jesús. Pero primero Jesús le pide a Juan que lo bautizara, lo cual es extraño porque como sabemos el bautismo es para los pecadores, y Jesús no era un pecador. Incluso Juan el Bautista estaba confundido, pero Jesús le dijo: “haz lo que te digo”

Como cristianos Jesús nos pedirá que hagamos cosas que no entendemos al principio. A veces, seguir nuestra fe católica no tiene sentido para nosotros, pero Jesús quiere que primero confiemos en él. De la misma manera que Juan confió en Jesús y lo bautizo como bautizaba a todos los comunes pecadores. Jesús uso su bautismo no para ser purificado de los pecados, sino para identificarse con nosotros, pecadores. Él viene y se identifica con nuestras luchas como criaturas caídas y nuestros deseos de ser purificados y liberados de la carga del pecado. ¡Qué acto más grande de amor! Jesús es Dios pero también es hombre y sabe cómo la vida es dura a veces y la tentación del pecado es muy real. Por lo que no era demasiado alto o todo poderoso que no podía bajar a nuestro nivel, y para entrar en el agua fangosa con nosotros, nuestras vidas ajenas. Él nos ayuda a reconocer el deseo natural de lavar la suciedad de nuestro cuerpo, el deseo de limpiar la suciedad espiritual de nuestras almas. Y así a través del bautismo tenemos un nuevo comienzo, una nueva vida, es por eso que podemos decir que nacemos de nuevo.

Otra razón que Jesús recibió el bautismo debía ser ungido del Espíritu Santo. Escuchamos en el Evangelio que Juan vio que los cielos se abrieron y el Espíritu de Dios descendiendo sobre Jesús como una paloma. Por supuesto, Jesús como Dios ya tenía el Espíritu Santo, pero como hombre permitió ser ungido por el Espíritu para iniciar su vocación, su obra pública, como sacerdote, profeta y rey para la salvación del mundo. Así es lo increíble que es Jesús. Él es Dios, todo perfecto, todo feliz, todo bueno. Sin embargo, se hizo en uno de nosotros, un hombre como todos menos en el pecado, para salvarnos. A pesar de que no tenía necesidad de ser salvado, se humilló y mostró a nosotros pecadores lo que debemos hacer para ser salvos. ¿Y qué es eso? ¡Ser bautizado! Y como Jesús, cuando somos bautizados los cielos se abren y el Espíritu Santo desciende sobre nosotros y nos unge. Eso significa que llegamos a ser como Cristo. Compartimos en su unción. ¡Cristo se hizo como nosotros para que podamos llegar a ser como él!

Puede que no entendamos todo esto, al igual que Juan el Bautista tal vez, pero cuando confiamos en Jesús, permitimos que su trabajo tome lugar. Permitimos que su gracia entre en nosotros y nos haga partícipes de su vocación, su misión, para salvar al mundo. Alguno podría decir, soy muy débil, o no tengo la capacidad de hacer todo eso. Bueno, todo el que aquí ha sido bautizado tiene el poder del Espíritu Santo en ellos, la fuerza de Jesucristo. Usted comparte en su ministerio como sacerdote, profeta y rey por la gracia de su bautismo. Así que usted tiene la capacidad. Usted sólo tiene que tener la fe para usarlo. No sólo es trabajo del sacerdote. La forma en que funciona es que Yo, soy un sacerdote ordenado de Jesucristo y por eso ustedes vienen a mí un día a la semana, en el día del Señor, para que yo pueda servirlos y formarlos durante la Misa. Pero después, es su trabajo ir al mundo, en esta ciudad, a sus familias, sus amigos, su escuela y lugar de trabajo para llevar a Cristo a las personas. Esto se llama la evangelización.

Ustedes son sacerdotes, profetas, y reyes en el mundo! ¿Qué les parece esto?

Bueno, es su trabajo ser sacerdote de Jesucristo, con todo aquel que usted se encuentre durante la semana, para interceder por ellos, para servirles, sanarlos con amor y misericordia a fin de conducirlos a la salvación. Esto es muy importante. Si usted no está viviendo este deber sacerdotal, entonces no está siendo un verdadero cristiano. Piense en esto. Por ejemplo, Si usted viene a la iglesia y Yo, el sacerdote no estoy aquí por un domingo o dos, ¿no diría usted que estoy descuidando mi trabajo? Usted tiene una responsabilidad similar, no el domingo, sino todos los demás días de la semana para formar en sus vidas a las personas. Es su trabajo tomar lo que usted recibe aquí en la Misa y compartirlo con todo el que se encuentre en su vida cotidiana.

Y también usted está llamado a ser un profeta. ¿Qué? ¿No son sólo los hombres del Antiguo Testamento que iban gritando sobre el juicio de Dios? Sí, hubo profetas en el Antiguo Testamento, pero Jesús es un profeta, el profeta final, quien nos dice que esta vida debe ser vivida en preparación para la siguiente. Que debemos vivir por el Reino de los Cielos. Y así por el bautismo, compartir la misión profética de Jesús. ¿Qué le parece esto? Bueno, como Jesús, el cual no vino “gritando, clamando, haciendo oír su voz por las la calle” No romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea como dijo del Mesías el profeta Isaías. En otras palabras, no con palabras de miedo sino con compasión.

Usted se hace profético como Cristo cuando perdona a sus enemigos, ayuda a los pobres, sigue las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, de hacer del domingo un día de adoración, y vivir una vida sencilla. No es ir por ahí diciendo que el mundo está llegando a su fin, sino que un nuevo mundo está comenzando a través de Jesús Cristo Rey. Y como cristianos bautizados todos compartimos en esta misión real. Hacemos esto tratando toda la vida con dignidad real: El bebé aún no nacido, el enfermo de edad avanzada, el inmigrante indocumentado. Vivimos como criaturas libres que no permitimos que nuestras pasiones nos controlen, al igual que el amor al dinero o el placer, sino que ponemos todo nuestro servicio a nuestro Rey. Actuamos como ciudadanos del Reino de los Cielos, con nuestras palabras y acciones. Esta es la promesa que hacemos cuando somos bautizamos y Jesús nos da la gracia de vivir nuestras promesas.

¿Está haciendo su parte? ¿Está viviendo sus promesas del bautismo? ¿Está siendo profético, sacerdotal, está construyendo su Reino? Eso es lo que Jesús va a juzgar de nosotros al final. No el tipo de auto o casa que tenemos. No la cantidad de dinero que hemos tomado. No el tipo de trabajo que tenemos. Él va a preguntarnos “¿fuiste fiel a las promesas que me hiciste en tu bautismo?” Es decir, ¿reconoce a Satanás como una verdadera fuerza del mal y rechaza su influencia en su vida? Muchas personas, incluyendo católicos, no reconocen al diablo o no ven su influencia en sus vidas. Pero el orgullo, la lujuria, la pereza, la infidelidad, la ira, son cosas muy reales y todos estos comportamientos son del diablo. Es por eso que los verdaderos cristianos prometemos a rechazar el pecado. Esto no significa que no vamos a pecar de nuevo. Significa que lo rechazamos. Y Los Diez Mandamientos son una muy buena lista de los pecados básicos que rechazamos.

Pero nuestra mayor promesa no es lo que rechazamos, sino lo que aceptamos por la fe: Que creemos en Jesús como el Hijo de Dios y la Iglesia una, santa, Católica y apostólica que fundó. Pero, ¿realmente creemos en este? ¿Realmente lo seguimos a Jesús? Todo lo demás en la vida, tan importante como lo es, es secundario a nuestra relación con el Señor, si somos verdaderos cristianos. Una vez que hacemos vivir nuestras promesas de bautismo nuestra prioridad, entonces todo lo demás puede utilizarse para servir a ese objetivo. Cuando usted es bautizado usted es parte de la familia de Dios y la parroquia es la representación local de esa familia. Así que el apoyar a la parroquia es una parte importante de ser cristiano. 

¿Cuánto está apoyándola? Padres hagan esto, traigan a sus hijos a misa todas las semanas y enséñenles en el hogar la fe. Los padres, no pueden simplemente dejar a sus hijos en la educación religiosa y esperar que estén listos para sus sacramentos. El papel del catequista es complementar lo que se les enseña en el hogar. Si los niños no están recibiendo oración en casa, leyendo la Biblia, aprendiendo sobre los santos, estudiando su fe, y después adoración en la misa todos los domingos, ellos no serán capaces de vivir sus promesas de bautismo, y no estarán listos para recibir sus sacramentos. Recibir la primera santa comunión, confirmación, matrimonio, todo esto les da la gracia de vivir como sacerdotes, profetas y reyes, y no dejar de vivir estos después de recibirlos.

Una vez más vemos a Jesús. Jesús vivió su vida para complacer a su Padre Celestial. Por lo tanto, ese es nuestro propósito. Si hay algo, cualquier actividad, cualquier relación en la que estamos involucrados y esta es agradable a nosotros mismos o a otra persona o grupo, pero no es agradable a Dios, entonces estamos perdiendo el objetivo de nuestra vida cristiana. Y por lo tanto nos estamos perdiendo la recompensa de la vida eterna. Pero cuando vivimos primero para agradar a Dios, después las demás cosas tendrán la perspectiva correcta. Y después, según lo descrito con el bautismo de Jesús en el Evangelio, nosotros también seremos capaces de escuchar una voz celestial que nos habla: Estos son mis amados hijos en quien tengo mis complacencias. Vivamos nuestras promesas bautismales y hagamos todo lo posible para complacer a nuestro Padre Celestial quien nos ama como a sus propios hijos e hijas. Amén.

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