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Continuamos celebrar La Navidad y el día de hoy celebramos la Epifanía del Señor con la llegada de los Reyes Magos en Belén. Ellos eran de otras partes del mundo, lo que representa cómo Jesús vino a salvar a todos llamando a cada uno a sí mismo. Los Magos no iban porque alguien les decía que tenían que ir o fue una obligación de su religión. ¡Ni siquiera eran judíos! Herodes, por el contrario, era judío, pero no sabía nada del nuevo Rey. Él no leía su biblia. No estaba familiarizado con las Escrituras. Había dejado de practicar su religión y se había convertido en hombre del mundo. Los Reyes Magos, sin embargo, vinieron porque escucharon lo importante que sería el nuevo Rey de los Judíos.

Vinieron porque querían venir, deseaban verlo, necesitaban ver Jesús. Por eso es así que cuidadosamente siguieron las instrucciones para buscarlo en un lugar particular en la ciudad de Belén. Y cuando lo encontraron, el Evangelio dice que se llenaron de inmensa alegría “Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos”Los reyes magos siguieron una estrella para descubrir a Jesús. Nosotros seguimos a la luz de la fe. Cada vez que vamos a misa, ya sea los domingos o días de precepto, tenemos el privilegio de imitar a los Reyes Magos del Evangelio.

Cuan privilegiados somos al tener esa misma inspiración, a pesar de que la mayoría de nosotros, como los Reyes Magos no son judíos. Pero a pesar de que no somos parte del original pueblo elegido de Dios, buscamos a Jesús porque queremos conocerlo, lo necesitamos como el rey de nuestras vidas, y deseamos verlo para ofrecerle nuestro amor.

El mismo Jesús que estuvo presente en Belén está presente aquí en esta ciudad en un lugar particular. Él espera por nosotros para que vengamos a visitarlo en la Eucaristía, aquí en esta casa. Y cada vez que venimos a la iglesia, podemos, como los Magos, reconocer a nuestro Rey y es por eso que nos postrarnos para mostrar homenaje, hacemos una genuflexión para mostrar reverencia, nos arrodillamos para adorarlo como nuestro Señor y Salvador. Y así, también nosotros abrimos nuestros cofres y le ofrecemos nuestros regalos y damos nuestro diezmo para mostrarle nuestro amor. Los que vienen a misa con el espíritu de los Reyes Magos, por lo tanto, también están llenos de alegría de estar en la presencia del Rey.

Ahora, tristemente, hay católicos que se parecen más a Herodes quien era judío sólo de nombre y no en la práctica. No están inspirados en buscar y encontrar a Jesús en este lugar en particular. No vienen con alegría a su presencia el domingo o Día Santo de obligación. Carecen de reverencia, mientras están en su presencia en el Sagradio, ofrecen para él poco o nada de regalos en forma de diezmo y tiempo para hacer cosas en servicio de la parroquia. Como Herodes ven a Jesús como un inconveniente para su forma de vida. Herodes dijo que quería rendirle a Jesus homenaje y respeto, pero en realidad él veía a Jesús como una amenaza. A causa de su mala actitud hacia Jesús, él es un hombre provocado fácilmente a la ira hasta el punto de querer matar a Jesús. Los Reyes Magos, por otro lado, estaban llenos del amor de Dios cuando descubrieron a Jesús. ¡Su relación con Jesús no les incomodaba, sino que cambio sus vidas! El Evangelio dice que después de su tiempo con Jesús “regresaron a su tierra por otro camino” Ellos no regresaron a sus viejas costumbres. Ellos cambiaron su dirección en la vida. Ellos ya no siguieron al rey falso, sino al Rey verdadero.

Al comenzar un nuevo año, podemos revisar nuestra actitud hacia Jesús, hacia vivir nuestra fe, para ver si somos más como Herodes o más como los Reyes Magos preguntándonos: ¿es Jesús una inconveniencia en mi vida? ¿Ir a misa los domingos y días de precepto una alegría para mí? ¿Doy regalos substanciales de mi dinero y tiempo en orden de apoyar la parroquia, para ayudar a los pobres por amor a Jesús? Podemos preguntar estas cosas de forma individual, como familia, y como parroquia. ¿Creemos que el mismo Jesús que los Reyes Magos descubrieron en Belén está presente con nosotros en la Eucaristía en la Misa? ¿Mostramos debida reverencia con nuestra devoción, atención y cómo nos vestimos, mientras estamos en su presencia en la Misa? ¿Después que la Misa ha terminado, comenzamos a hablar y actuar de inmediato como si nada hubiera pasado y volvemos a nuestras viejas costumbres y volvemos a nuestros viejos pecados? O creemos que acabamos de tener un verdadero encuentro con Jesús que nos da la gracia para re-orientar nuestra vida lejos de nuestras viejas costumbres.

Que esta Epifanía nos ayude a seguir la luz de nuestra fe para descubrir o re-descubrir al Rey verdadero, el cual re-dirige nuestros caminos, guía todas nuestras decisiones, y nos ayudará a tratar a los demás con amor y respeto no con ira, orgullo o lujuria. Y después de nuestro encuentro con Jesús este domingo y todos los domingos, podamos volver a nuestras casas, a nuestras familias, a nuestras relaciones con nuestros hermanos y hermanas, amigos, vecinos y compañeros de trabajo como verdaderos cristianos los cuales iluminan nuestro oscuro mundo con el espíritu de alegría, para que otros no tengan miedo de Jesús, sino que también quieran ir y descubrirlo de la misma manera que nosotros lo hemos hecho este Navidad. Amén.

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