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Adviento es un tiempo de espera. Esperamos la venida de Jesús. Ahora, el esperar puede irritarnos si lo permitimos, o puede hacernos crecer en la virtud de la paciencia y gozosa espera. El día de hoy celebramos el domingo de Gaudete. “Gaudete” significa “regocijo” Es un momento en medio de la espera, en medio de las cuatro semanas de Adviento, para permitirnos el sentimiento de alegría de la Navidad. Es por eso que incluso algunas familias este domingo abren un regalo de debajo del árbol de Navidad. Los que somos cristianos debemos estar llenos de alegría en todo momento. Y este es uno de los mensajes del Papa Francisco en su Primera Exhortación Apostólica que acaba de publicar justo antes del inicio del Adviento. Se llama “Evangelii Gaudium”, “La alegría del Evangelio.” El Evangelio significa “buenas nuevas”, y es por eso que esto debe llenarnos de alegría. Y vemos que nuestro nuevo Santo Padre irradia esta alegría. Por lo que este título que el utiliza es apropiado. Y es un gran mensaje para el Adviento, sobre todo mientras muchos pueden estar esperando en todo tipo de líneas: líneas en el mostrador, supermercado, banco, o, la peor de todas, la línea de tráfico. Otros están esperando por documentos, el regreso de miembros de la familia, a terminar la escuela o un propósito por su vida.

Estos largos momentos pueden impacientarnos si se lo permitimos. O podemos utilizar estos momentos para hacer algo positivo, para hablar con los que están esperando en línea con nosotros con el fin de hacer su espera más fácil, o para orar por las personas embotelladas en el tráfico y están a punto de tener un ataque de ira. Ambas son ejemplos de actividades del Evangelio que nos llenan de alegría no importa dónde estemos o lo que estemos haciendo. María es sin duda un ejemplo de alegría evangélicapara nosotros.

Cuando ella compartió con su prima Isabel la buena noticia de su embarazo del Señor, ella le dijo: “Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador!” La semana pasada muchos fueron a todas las Misas Marianas que tuvimos, y la siguieron en procesión con luz de velas y cantaron canciones para ella y permitieron que su alma también se llenase de su alegría, de la esperanza gozosa de la venida del Señor.

Cada momento puede ser vivido en la alegría de Dios, no importa cuán buena o mala sean las cosas que suceden a nuestro alrededor. Las cosas no siempre van a ir de la manera que nos gusta. Tenemos que ser pacientes en estos tiempos porque la paciencia es la virtud clave en la espera del regreso de Jesús a nuestro mundo. La paciencia tiene que ser nuestro estado de ánimo si vamos a darle la bienvenida con alegría y no con ansiedad.

Ahora bien, ningún hombre estuvo más preparado para la venida del Mesías que Juan el Bautista. Y el mismo Jesús dijo que ningún otro hombre era más grande que Juan, pero incluso Juan fue sólo un hombre el cual quizá tuvo que lidiar con la condición humana de la impaciencia. Lo escuchamos en la pregunta a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” Ahora sabemos que Juan el Bautista es un santo y que dio su vida para preparar el camino del Señor, pero quizás Juan esperaba algo más y así que cuestiono con el fin de tratar de entender más.

Los seres humanos a menudo nos impacientamos cuando otros no hacen las cosas de la manera en que pensamos deberían hacerlas y comenzamos a cuestionarlos. Ahora, el cuestionamiento de entender es una cosa que es realmente bueno. Cuestionar porque dudas de alguien es otra cosa. Por ejemplo, veamos a nuestro nuevo Santo Padre.

Muchos se inspiran en él. Pero hay algunos que se sienten incómodos con su estilo y la forma en que hace las cosas. Algunos incluso dudan de su papel como Papa y cuestionan si debe ser el líder de la Iglesia. Pero es la historia de la iglesia. Una cosa similar le ocurrió a San Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús, que es la Orden Religiosa que la cual pertenece el Papa. San Ignacio fue tan diferente que muchos lo mal entendieron. Incluso fue encarcelado una vez por la Inquisición por sospecha de herejía/por ser anti-católico, pero en realidad él era fiel a la Iglesia y al Papa, incluso cuando el Papa no era fiel a la Iglesia. Él dijo: “Dejando a un lado todo juicio nuestro, debemos mantener nuestra mente inclinada a obedecer con prontitud a nuestra Santa Madre la Iglesia jerárquica” Tanto San Ignacio y nuestro Papa actual son fieles a la Iglesia a pesar de algunos mal entendidos y juicio diferente.

Juzgamos tan fácilmente en estos días. Es nuestra naturaleza hacerlo. Que realmente se necesita mucha humildad y confianza en Dios para no hacerlo. Incluso si no estamos de acuerdo con ciertas cosas, siempre hay que confiar en el Señor, sobre todo nosotros, que pertenecemos a la Iglesia y son todos hermanos y hermanas en el Señor. A menudo, una familia que pasa mucho tiempo uno con otro estamos tan familiarizados uno con el otro que quedamos atrapados en cosas sin importancia y destruyéndonos uno al otro. Yo recuerdo en las veces con mi propia familia yendo a un viaje por carretera: Todos en entrando en la camioneta llenos de entusiasmo y alegría en un primer momento. Pero después de un par de cientos de millas quejándonos e irritados unos con otros. Y para el momento en que estábamos cerca de llegar a nuestro destino, a menudo, estábamos listos para tirarnos por la ventana unos a otros. ¿Cuántas veces nosotros, como cristianos hacemos algo similar? Permitimos que un espíritu de cinismo, crítica, y queja entrar en nuestros corazones y controlar nuestras conversaciones, no sólo en lo que decimos sobre el mundo, sino el uno del otro, de nuestra propia Iglesia, ¡la cual es nuestra propia familia! Nos olvidamos de que tenemos que ayudarnos unos a otros si vamos a llegar con alegría a nuestro destino Celestial.

En la segunda lectura, San Diego escribe una carta a la Iglesia Universal con un mensaje de la paciencia. Dado que había pasado mucho tiempo, los cristianos estaban perdiendo la paciencia en creer que Jesús regresaría, por lo que comenzaron a quejarse unos de otros, como mis hermanos y yo en los viajes largos por carretera. Uno de los signos más claros de que un cristiano está perdiendo el espíritu de Cristo por otro espíritu, es el nivel de quejarse de la Iglesia o el líder de la Iglesia. ¿Qué tipo de espíritu cree usted que es? No es el Espíritu Santo. Es un espíritu que quiere que usted piense que usted sabe mejor.

San Diego dice: “Mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca. No murmuren, hermanos, los unos de los otros, para que el día del juicio no sean condenados” Puede que usted recuerde las similares palabras de nuestro Señor cuando dijo: “De la misma manera que juzgues a los demás, serás juzgado, y con la medida que midas, serás medido” Por eso debemos evitar este espíritu de queja y crítica, los cuales son un tipo de impaciencia que realmente toma toda nuestra alegría de la vida.

Tenemos que resistir a todas las cosas que roban nuestra alegría y mantener nuestro objetivo en mente recordando que todos estamos en el mismo barco, o si prefiere, camioneta. Todos estamos en la misma Iglesia y queremos animarnos unos a otros no desalentarnos unos a los otros. El tiempo es muy corto. La vida es demasiado corta. ¡ Nuestro Señor está regresando para nosotros! Seamos uno con el otro paciente y ayudarnos a estar preparado para cuando llegue.

Este viernes pasado visité la casa de una mujer que tiene cáncer y no puede asistir en la misa, y por eso traje la Santa Comunión. Su hija me recibió en la puerta y me dio la bienvenida y me dijo que mi tiempo fue providencial porque la señora acababa de recibir un reporte devastador, de su doctor que su cáncer se había extendido a sus pulmones. La señora me dijo que el impacto del informe casi la hizo perder toda esperanza. Pero entonces ella dijo que decidió no dejar que eso suceda porque ella decidió en vez pensar en todas las cosas buenas que ella todavía tiene: Ella todavía tiene el poder de la fe, ella todavía tiene la capacidad de orar y creer todavía en los milagros. Le di a Cristo en la Eucaristía y cerró los ojos en profunda oración, dando gracias al Señor por su gran regalo. Me fui, no sintiendo lástima por ella, sino realmente lleno del gozo del Señor después de ser testigo de su fe. Pensé en las palabras del profeta Nehemías: “El gozo del Señor es vuestra fortaleza”

Nuestro mundo está lleno de alegría pasajera. Sólo el Señor puede llenarnos de alegría duradera. ¡Qué gran lección para todos nosotros el domingo de Gaudette. Muchos de ustedes mismos probablemente están pasando a través de algunas pruebas en sus propias vidas. Pero es parte de esta vida, la experiencia humana. Las cosas no siempre van a ir como nos gustan. Pero cada momento puede ser vivido en la alegría de Dios, no importa cuán buenas o malas sean las cosas sucediendo a nuestro alrededor, porque estamos esperando para quien es la causa de nuestra alegría. Por eso, hermanos y hermanas en Cristo permítanme alentarnos: “mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca” Amén.

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