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En mi conferencia para pastores la semana pasada, una mujer compartió la historia de un hombre con un aspecto pobre que lleva a la iglesia. Nadie le daba atención. Pero una mujer le dio respeto. Cuando la iglesia necesita construir un edificio nuevo, la mujer se le preguntó al hombre si él donaría dinero y dijo “si” y dio todo el dinero necesitaba para el edificio. La moraleja de la historia es a menudo que no reconocemos el valor de una persona basado en su apariencia. Esto es lo que pasa en el Evangelio de hoy. Juan el Bautista vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo” Juan ve a Jesús como el cordero del sacrificio, el siervo sufriente, el que Isaías nos presenta en la primera lectura. Nadie más que Juan lo reconoció. Muchas personas estaban allí, pero no pudieron reconocerlo. Ya que Juan tenía el Espíritu de Dios pudo ver lo que otros no veían. Por eso su trabajo, su papel, era ayudar a otros ver a Jesús. Ahora bien, algo similar sucede en la Misa, Jesús hace su aparición y sólo aquellos que tienen el Espíritu de Dios lo reconocerán cuando el sacerdote eleva la Hostia, la Sagrada Eucaristía, y repite las mismas palabras de Juan y dice: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo” Y cuando de esta manera reconocemos verdaderamente a Jesús, nosotros, como Juan, queremos que los demás lo reconozcan también.

Es El Espíritu Santo que recibimos en nuestro Bautismo que nos ayuda ver a Jesús y nos da la confianza a decir a otros sobre él. Este es el trabajo de la evangelización, es decir, la difusión del Evangelio, la Buena Nueva. Esa buena nueva es que Dios nos ama tanto que nos ha dado la vida. No tenía para darnos la existencia. Él decidió darnos nuestra existencia.Él nos formó a cada uno de nosotros en el vientre de nuestras madres. Empezamos como un sueño en su mente y después su sueño se hace realidad y nacemos en el mundo. Y a través del milagro del bautismo el Señor reforma nuestras almas en el vientre de la Madre Iglesia. Por lo tanto, hemos nacido de nuevo como hijos de Dios. Sabemos que el vientre de una madre es un lugar muy sagrado que debe ser el lugar más seguro del mundo - un lugar que nutre y protege la nueva vida de un bebé en desarrollo. De la misma manera, la Iglesia es como una madre y es también un lugar muy sagrado, donde la vida es respetada y protegida de manera que muchos pueden nacer de nuevo a través del agua y del espíritu y crecer en el amor de Dios. Y con el espíritu de Dios, somos Cristianos, que significa que somos como Cristo, un siervo de Dios, incluso si tenemos que sufrir por el amor de Dios.
 
En la primera lectura, Isaías dice el Señor “me formó desde el seno materno, para que fuera su servidor” Esta profecía el nacimiento de Jesús se aplica a nosotros, también.

Todos nosotros que nos hemos formado en el vientre de nuestras madres y después de nacer de nuevo a través del bautismo somos servidores del Señor. Isaías continúa diciendo: Ahora dice el Señor: “Es poco, que seas mi siervo… te voy a convertir en la luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra” Sabemos que Jesús es la luz del mundo. De esa manera somos más que siervos, sino luces para el mundo tambien. Es por eso que toda vida es sagrada desde el primer momento en que es concebida en el vientre materno. Incluso si se cometen errores sexuales y un embarazo no es planificado, la vida concebida sigue siendo un regalo del amor de Dios. Y por eso queremos ayudar a otros a que vean que Dios tiene un plan para cada vida.

Es tan necesario este evangelio de la vida en nuestro mundo moderno, porque la vida no se respeta ni protege. No se ve como algo sagrado, incluso en su etapa más vulnerable en el vientre. Y cuando alguien no respeta la dignidad de algo o ve su santidad, ¿qué hacen? Lo descartan, lo tiran a la basura. Esto es lo que nuestro nuevo Papa llama “la cultura de usar y tirar.” El Papa Francisco dijo la semana pasada: “desafortunadamente, lo que se tira no sólo es comida y objetos desechables, sino que a menudo son los propios seres humanos, que se desechan como si fueran innecesarios” Él dijo: “es horrendo sólo pensar que hay niños, víctimas del aborto, que nunca verán la luz del día” El aborto destruye la luz de la vida, el don del amor de Dios. De esa manera vemos otro plan en trabajo en nuestro mundo, un plan de oscuridad promovido a través de organizaciones como Planned Parenthood, que no piensa nada al tirar la vida de un niño en el vientre. Y se meten más a menudo con los pobres, las minorías y los inmigrantes. Mañana es el día del Dr. Martin Luther King, Jr. Él dijo: una raza no puede ganar si se está dispuesto a sacrificar el futuro de sus hijos para la comodidad personal y la seguridad inmediata. Y sabemos que el aborto no era parte de su sueño a la igualdad de derechos para todos los pueblos. Esta semana voy a ir a Washington DC y me uniré a miles de personas durante la Marcha por la Vida.

Esto ocurrirá este miércoles veintidós (22) de enero, en el aniversario de la legalización del aborto en Estados Unidos, el cual desde entonces ha llevado a la muerte de más de cincuenta (50) millones de bebés en este país y más de un billón de bebés en todo el mundo. ¿Puede rezar y ayunar usted esta semana, especialmente este miércoles, por el fin del aborto?
 
El aborto es malo pero esto no es una ocasión para estar deprimido, sino una oportunidad ser luces en la oscuridady estar agradecidos de que todos nosotros tenemos el don de la vida de Dios, que nosotros, como dijo el profeta Isaías, “en ti manifestare mi gloria” Ese es nuestro testigo: ¡Dios nos ama! Y por eso somos motivados por amor, para proteger y promocionar la vida desde el inicio hasta el final.

Esta es la voluntad de Dios para sus siervos. Así que si somos sus siervos verdaderos vamos a querer hacer su voluntad como rezamos en el Salmo Responsorial: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” Y hacemos esto, incluso si tenemos que sacrificar comodidades y sufrir un poco por difundir la luz del Evangelio. El mundo necesita este testimonio, y las madres que optan por dar la vida los bebés son quizás los mayores testigos de ser verdaderos siervos sufrientes. El sufrimiento de Cristo trajo nueva vida al mundo. Por eso vemos que Dios tiene un plan para cada cosa y utiliza todo para bien, incluso nuestros sufrimientos, cuando los ofrecemos en amor.
 
Y por eso que el día de hoy en la misa, veamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y estemos felices que hemos sido llamados a su mesa, para ser perdonados por todos nuestros pecados y ser fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de manera que lleguemos a ser como él y trabajar para él, no en contra él, y ayudemos a otros a ver a Jesús como el Dios del amor y de la vida eterna. Amén.

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