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Algo que hace tan popular a los equipos de deportes es la competencia, y tratar de ser mejor equipo que el otro. No escucha hablar de un equipo que trabaja y prácticas incontables horas con el ob-je-tivo de ser el último pero para ganar. Es parte del espíritu humano luchar por la perfección, disfrutar de algo más perfecto y no solamente deportes: un clima más perfecto, un grado más perfecto, una casa más perfecta, un coche, trabajo, esposo, esposa o una simplemente una taza de café. Pero a menudo el deseo de las cosas perfectas nos aleja de lo que es más importante en la vida: perfecto amor a Dios y al prójimo. Estas son las únicas cosas que permitirán ganar lo más importante, el cielo.

En el Evangelio del día de hoy Jesús nos llama a un nivel mucho más grande de perfección: “Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre Celestial es perfecto” Es un llamado a tomar ese deseo natural por la perfección y permitir que la gracia de Dios lo eleve al nivel de amor. Entonces nuestro impulso interior se convierte en un deseo de mostrar la perfection por nuestro prójimo: perfecta bondad, perfecto respeto, perfecta atención - ser el mejor cristiano posible para la gloria de Dios. Es un reto amar como Dios nos ama. Es un llamado a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Dios nos ama tanto, que siempre piensa en nosotros, siempre nos habla, siempre está cuidando nuestras necesidades. Su deseo es hacernos partícipes de su felicidad. E incluso cuando nos equivocamos ó lo ofendemos en caminos de pecado, no nos grita ó hace un berrinche, ó nos golpeó (tal vez un poco palmadita en el trasero para recordarnos que está aqui), pero más, nos muestra perfecta paciencia y humildad, y a través de la reconciliación nos da perfecta misericordia. Y por eso Jesús quiere que compartamos en la perfección de Dios - así podemos mostrar amor a los demás.

Esta forma de amor no es tan difícil con los que usted conoce. Pero parece difícil con aquellos que son extraños ó incluso imposible con los que son nuestros enemigos, con los que nos han herido, parecen ser tan difícil amar. Pero, yo pienso en la Madre Teresa ayudando a los pobres que mueren en la calle. Pienso en un médico que ayuda a un soldado enemigo herido en una guerra. Pero a veces, las personas cercanas a nosotros llegan a ser nuestros enemigos. Pienso en la esposa que su esposo no le muestra respeto, pero ella permanece respetuosay amorosa. Esto es lo que Jesús quiere decir cuando dice “poner la otra mejilla.” No es permitiendo que la mala acción de alguien lo lleve hacia al mal. Es vencer el mal con amor. Es lo que Jesús hizo en la cruz. Duele, pero al final el enemigo es derrotado. Conozco un matrimonio que tuvo un desacuerdo, el esposo se enfado y empezando a gritar porque su esposa no estaba de acuerdo con su idea del color de la pintura para su hogar. Ella al mantenerse en calma y absorber la rabia que finalmente se agotó, él se dio cuenta de su mal comportamiento y pidió disculpas. Su fe le ayudó a mantener la calma y colectarse a pesar de la tentación de reaccionar con la misma rabia. Su amor venció la tentación del enemigo de romper el matrimonio por el color de la pintura. Por supuesto, esto no quiere decir que al poner la mejilla significa convertirse en un felpudo de puerta y mucho menos un saco de boxeo. Si alguien tiene un problema de ira, ningún esposo debe soportar eso, ya sea es el esposo o la esposa. Y, por supuesto, si hay algún contacto físico ó abusos, por ejemplo, si un hombre golpea a su esposa, entonces él se gana un boleto gratis a la cárcel. Es un acto de amor enviar a alguien con un problema a consejería o a la cárcel si está involucrada la violencia./

El mensaje es que estamos llamados a tratar a todos con amor y respeto. Para verlos como templos de Dios, donde el Espíritu mora, incluso cuando las personas no se ven de esa manera. La mentalidad popular es “este es mi cuerpo” y por eso muchos sienten que tienen el derecho de no respetar sus propios cuerpos, de hacerse todo tipo de tatuajes, de vestir sin modestia, tener relaciones impuras, o dejar de lado a los pobres. Pero como cristianos nos esforzamos por amar y respetar su dignidad, incluso cuando las personas no se respetan a sí mismos. Es siguiendo la ley del amor al prójimo. No es poniendo fuera de lugar la tolerancia, sino que es siendo el amor de Dios para ellos con la esperanza de que podrá salvarlos de la autodestrucción. Y así, es en el amor al prójimo la única cosa que debemos gastar toda nuestra energía en perfeccionar en esta vida. Y este es el tema de la Campaña Anual del Arzobispo de este año “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Que este mandamiento de Dios nos ayude a dar de corazón y apoyar a las muchas formas en que nuestra diócesis intenta vivir este mandamiento a través de la diversos ministerios, diseñados para ganarse a la gente a Cristo. Y que nuestra caridad glorifique a nuestro Padre Celestial que nos ama a cada uno de nosotros perfectamente. Que Dios los bendiga. 

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