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El mensaje de las lecturas del día de hoy es que Dios nos ama y quiere cuidar de todas nuestras necesidades. Por lo tanto, Jesús nos llama a vivir para Dios, a confiar en su amor y a ponerlo en primer lugar. Es un llamado a ser como Jesús mismo que confió plenamente en su Padre. Ser cristiano no sólo es ser salvado por Cristo, sino que es ser como Cristo, viviendo como él, hablando como él, actuando como él. En pocas palabras, ¡es ser perfecto! Pero no perfectas como las supermodelos o actores de las películas. ¿Cómo Jesús vivió una vida de perfección? - Como los lirios del campo y las aves del cielo.

El totalmente creyó que si Dios cuido de las plantas y los animales, él se haría cargo de cada una de sus necesidades y nunca lo olvidaría. No permitió preocupación por las cosas materiales: ropa, comida, dinero, entrasen en él. No trabajaba horas extras descuidando a sus amigos o familiares, o se olvidaba de guardar el día santo de reposo para poder ganar dinero para obtener las últimas tendencias. Él sabía que cuando primero daba a Dios, todo lo demás seria por añadidura. ¿Confiamos en que Dios, nuestro Padre proveerá todas nuestras necesidades?

Ahora, esta dependencia de Dios no significa que Jesús esperó y no hizo nada. Sabemos que Cristo trabajo, lo más probable es que lavase su ropa, comprase sandalias nuevas cuando se gastaban. Simplemente no tenía un armario lleno de ellas. Es por eso que él no quiere que estemos preocupados con cosas y la necesidad del dinero para obtenerlos. Él nos dice que aprendamos de la naturaleza. Los invito a dar un paseo. Vean las aves. Vean los narcisos que están floreciendo. ¿Qué podemos aprender de ellos? Sabemos que las aves pasan mucho tiempo en busca de alimento. Sabemos que los lirios cada año tienen que deshacerse de sus hojas viejas antes de tener un nuevo conjunto de pétalos. Así que depender de Dios no significa pereza o falta de responsabilidad. Sino, que las aves no son ansiosas por nada, ellas cantan.

Los narcisos se ven iguales cada año, pero son siempre hermosos. Así que, teniendo sustento, refugio y ropa básica, no deberíamos perder el sueño por otras cosas. El mundo dice que pare ser feliz hay que tener la mejor comida y comer en los mejores restaurantes, que tiene que cambiar su apariencia y tener la última moda, y tiene que tener una casa grande. Jesús dice: “No, no tienes” La verdad es que realmente no necesitamos mucho, pero queremos mucho. Queremos la felicidad perfecta, la comodidad y la paz en esta vida. Pero eso no va a suceder. Sin embargo, muchos las buscan, y es por eso que forman un amor al dinero, ropa, comida, diferentes relaciones, con el fin de llenar los deseos de nuestro corazón. Pero sólo Dios puede darnos lo que nuestra alma desea.

Es por eso que el salmo de hoy dice: “Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilare”

Por eso el cristiano honesto ve en este llamado la perfecta confianza en Dios y humildemente dice: “todavía no estoy allí”, y esa es la mejor respuesta que puede dar. De hecho, esto es lo que tenemos que llegar a darnos cuenta: Tenemos que admitir que confiamos más en la comodidad de las cosas y menos en Dios. Amamos el dinero, la comida, la ropa, las cosas, la importancia, las relaciones, lo que sea, y creemos que pueden hacernos felices. Y lo hacen en un grado. Pero dependemos de ellos para satisfacernos, para salvarnos de quedar al margen de todas las cosas que el mundo tiene, para consolarnos de la tristeza que viene con las dificultades de la vida. Sin embargo, nos queda la sensación de ansiedad. Es por eso que el Salmo nos ayuda a comprender que sólo Dios nos puede salvar de que la ansiedad que es eterna. Y más, sólo él puede darnos el Cielo. Y así podemos empezar a confiar más en las palabras de Jesús, que dice que no podemos amar a Dios y al dinero.

La palabra mamón significa dios del dinero. Mire nuestra sociedad. ¿Qué edificios son más grandes, las iglesias o los bancos? ¿En que es lo que invertimos más? Jesús trata de decirnos que la vida es demasiado preciosa y demasiado corta para invertir en la salvación que viene a través de una cuenta bancaria o de la seguridad que viene del dinero. Él quiere que nosotros invirtamos en la gracia.

La gracia viene del Cielo y sólo podemos hacerlo cuando llegamos a ser pobres. Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” Si nos estamos haciendo ricos con las cosas del mundo, entonces estaremos satisfechos sólo con lo que nos dan. Pero si reconocemos que nuestra alma necesita mucho más algo, entonces reconoceremos nuestra pobreza de espíritu, y empezaremos a invertir más de nuestro tiempo con Dios, que nos ofrece una herencia celestial. En esta vida vamos a ser servidores de la una o la otra: la felicidad a través de las cosas o la felicidad a través de la gracia. Una de ellas es temporal, la otra es eterna. Tenemos que elegir una o la otra. Una vez más no podemos servir a Dios y a mamón. Y esto es cierto si eres rico o pobre. Es una decisión difícil, pero posible, ya que los santos nos lo muestran. Mañana es el día de la fiesta de uno de nuestros santos de América, Santa Katherine Drexel. Ella fue una multimillonaria, pero comprendió que era pobre en espíritu y que necesitaba servir a Dios primero porque solo la gracia de Dios podía darle la verdadera felicidad. En lugar de comprar para ella una casa grande y bonita y carros lujosos con su herencia de la tierra, como muchos ricos lo hacen, ella lo gasto en los pobres, fundando hospitales, orfanatos y escuelas, entre ellas la Universidad de Xavier en Nueva Orleans. Y ahora disfruta de su herencia celestial.

Por lo tanto, la diferencia entre el verdadero cristiano y el que sirve a dos amos es la voluntad de sacrificar las cosas del mundo por las cosas de Dios: Sacrificar nuestras creencias personales si son contrarias a los mandamientos de Dios, sacrificar nuestro tiempo personal e incluso dinero para comprometerse todos los domingos a misa, sacrificar nuestro orgullo para confesarse, sacrificar nuestra independencia con el fin de casarse en la Iglesia, sacrificar no sólo nuestros lujos, sino, incluso nuestras necesidades con el fin de ayudar a los pobres.

Después, como verdaderos cristianos nos enfrentamos a nuestras ansiedades no con horas de desesperación, sino con horas de oración, como lo hizo Jesús que creyó que no importando lo difícil que fuese, cuan mal las cosas fuesen su Padre Celestial nunca lo abandonaría. Todas las cosas que acumulamos suman a nuestra ansiedad. Jesús dijo la ansiedad por las cosas de este mundo no puede agregar un día en nuestras vidas. De hecho, los médicos dicen que la ansiedad quita días a nuestras vidas. Cuando estamos ansiosos, confiamos más en las cosas y menos en Dios. Por lo tanto, como cristianos, la ansiedad se convierte en una invitación a confiar en nuestro Padre Celestial, a rezar con él, para permitirle proveer todas nuestras necesidades de este día y dejar las preocupaciones del mañana vengan mañana. Y es bueno que tengamos el tiempo de la Cuaresma, que comenzará este miércoles, cuando nos pondremos las cenizas para recordar que no fue hace tanto tiempo que Dios nos formó del polvo y pese a todas nuestras preocupaciones, ansiedades y ocupaciones con la vida y las cosas de la vida, no será mucho tiempo antes de que volveremos al polvo y nuestra vida será juzgada, no por nadie ni por nada en este mundo, sino será juzgada por el Señor. Así que deberíamos estar más preocupados por agradarle, ¿no? Y así, la Cuaresma es una tiempo especial para unirnos con todos los demás cristianos de todo el mundo que luchan para ser como Cristo, como un solo cuerpo, como una sola Iglesia, apoyándose mutuamente para crecer en perfección cristiana. La Cuaresma nos ayuda a purificar nuestras vidas con la oración, el ayuno y la limosna a los necesitados para que seamos pobres de espíritu y ricos en la gracia. La gracia sólo proviene de Dios quien nos ama tanto, cuida como una madre que protege y nutre la vida del pequeño bebé en su vientre, como dijo el profeta Isaías, y una vez nacido, lo viste, alimenta y provee por cada necesidad. Por lo tanto, hermanos y hermanas, recordemos que somos hijos e hijas de nuestro Padre Celestial y permitámosle proporcionarnos lo que realmente necesitamos. No importa lo difícil que pueda ser la vida, ¡Dios nunca nos abandonará! Así que no nos preocupemos por el mañana “Mas busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas, [todo lo que usted necesita, desea, desea verdad], se le dará por añadidura” Amén.

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