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El día de hoy, escuchamos de una sanación milagrosa. Esto ocurre cerca de una fuente de agua. Recordamos que la semana pasada Jesús habló a la mujer en el pozo. Estos dos eventos muestran cómo Jesús utiliza agua como símbolo de la gracia. El agua es esencial para la vida en la tierra. La gracia es esencial para la vida en el Cielo. En el bautismo estos dos se combinan el agua y la gracia, y somos re-creados, nacemos nuevamente en el Espíritu. Dios usó en el principio mismo el agua para crear vida.

Las primeras palabras de la Biblia en Génesis dicen que al principio todo era oscuridad. Después, el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas “y Dios dijo “hágase la luz” La luz de Dios remueve la oscuridad y trae vida. Después se hizo la luz, Dios tomó polvo y tierra, y formo al hombre. ¿Y por qué? Para que el hombre pueda conocer a Dios y adorarlo. En el Evangelio, después de ver pasar al ciego, Jesús proclama “mientras este en el mundo, yo soy la luz del mundo.” Después hizo algo bastante extraño, Jesús escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego, y después le dijo “Ve lávate en la piscina de Siloé” ¿Por qué Jesús haría algo tan extraño? Jesús estaba revelando que él es la misma luz creativa que estuvo en el principio de la creación. Él es el Dios creador que ahora está haciendo algo similar. El utiliza agua, barro, y polvo, para re-crear al hombre. Es por eso que el lavado en la piscina de Siloé es un símbolo de la nueva vida en Cristo. Y cuando el hombre ciego siguió las instrucciones de Jesús el regreso siendo capaz de ver. Comenzamos nuestra nueva vida cuando renacemos a través del bautismo y nos movemos de la oscuridad a la luz.

Jesús sana al ciego, pero hay algo mucho más de la historia de un hombre que recobra la visión. Hay un milagro aún más grande en la obra, un profundo propósito del por qué Jesús re-creo los ojos de este hombre para que pudiese ver el mundo. Es para que el hombre pueda conocer a Dios y adorarlo. Y es por eso Jesús le pregunta al hombre: “¿Crees tú en el Hijo del Hombre” Él contesto: “¿y quién es, Señor , para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “ya lo has visto, el que está hablando contigo, ese es” Él dijo” “Creo, Señor”, y después el Evangelio dice: “se postro y lo adoro”. Este es el punto del milagro, que lleguemos a reconocer a Dios y adorarlo. Y este es el punto de nuestra vida cristiana, ver a Dios y adorarlo. Dios nos da la gracia a través del bautismo, de escuchar sus palabras en las Escrituras y ver su verdadera presencia en la Eucaristía. Pero tenemos que cooperar con esta gracia con nuestra voluntad. No es automático. Es por eso que después de lavarse en la piscina y poder ver la luz por primera vez, Jesús le pregunto, “¿Crees tú en el hijo del hombre?” Nuestro Señor nos pregunta lo mismo “¿Crees tú en el Hijo del Hombre?” respondámosle de la misma manera como el hombre que recobró la visión: “Creo, Señor” Pero, más importante es que practiquemos nuestra creencia de adorar a Jesús.

Adoramos a Dios a través de la Liturgia. La palabra liturgia significa “Obra de Dios” La Liturgia es por lo tanto, una acción doble: la primera es de Dios, y la segunda es nuestra respuesta a Dios. 1) Es como Cristo obra en nosotros para restaurarnos y recrearnos a través de su gracia que nos ofrece a través de su vida, muerte y resurrección. Es por eso que todos los sacramentos son celebrados en la liturgia: el Bautismo, la Reconciliación, el Matrimonio y la forma más alta de la liturgia, la Santa Misa. 2) La liturgia es nuestra respuesta a Cristo a través de la adoración y de hacer su trabajo en el mundo.

En la preparación de mi homilía para este domingo, llamé a mi primo Bautista RJ, quien ha estado ciego desde que nació. Quería saber su opinión sobre el Evangelio de hoy, y lo que él pensaba era el punto más importante. Bueno, primero me dijo que es su historia favorita del Evangelio. Después me dijo que el real milagro del hombre que recobro la visión no fue lo más importante. Lo más importante fue cuando Jesús le dijo al hombre que había nacido ciego “para que en él se manifestaran las obras de Dios” Ahora, RJ no se ha sanado de la ceguera física, pero se da cuenta que él ve las cosas en un nivel más importante, a través de los ojos de la fe. Él vive su vida para la gloria de Dios, en una acción continua de adoración y gratitud por la gracia salvadora de Cristo.

Por eso, él siempre se regocija en el Señor. Él canta sobre el Señor y su bondad. Es alegre y amable y a pesar de su discapacidad, ha logrado un doctorado en estudios bíblicos. Utiliza la tecnología moderna para comunicar el Evangelio a muchas personas. No es amargado porque está ciego. Usted puede ver que un milagro ocurrió en su vida. Él nació prematuramente y pesó menos de un kilo y medio - el bebé más pequeño de todo el país en ese momento. Le dieron sólo un dos por ciento (2%) de probabilidad de supervivencia. Pero tiene 30 años ahora. Por eso, el ve su vida como un regalo. Y se da cuenta de que Jesús le ofrece la vida eterna. Y ahora quiere entrar en la Iglesia católica y convertirse en sacerdote. Por lo que creo realmente que es un testimonio de las palabras del Señor de que las obras de Dios se hacen visibles a través de él.

Dios no escoge al habilitado, sino al inhabilitado con el fin de manifestar su bondad. Al igual que él escogió a David, el más pequeño de los hijos de Jacob, para ser el rey de Israel, como se describe en la primera lectura. En el Evangelio fueron aquellos que podían ver los que en realidad estaban ciegos. Ellos no reconocieron a Jesús como Dios. Tenemos que tener cuidado de que no hacer el mismo, no rechazar la obra de Dios por causa de nuestra ceguera espiritual, nuestro orgullo o miedo. No debemos usar excusas que porque somos muy débiles no somos capaces de seguir al Señor. ¿Qué debilidades usted tiene? ¿Con qué discapacidades usted lucha? Todos tenemos nuestras luchas y debilidades, nuestras dudas e inseguridades.

No tenemos que ser el más inteligente, el más fuerte o más dotado para ser amados por Dios. En nuestra debilidad, aprendemos a confiar en su poder. Él nos dará la gracia para hacer su trabajo si humildemente creemos en él. Y creemos, es por eso que venimos aquí todos los domingos a la Liturgia de la Eucaristía, para así poder ver y creer que Cristo está con nosotros. Todos los que han sido bautizados han recibido un gran milagro del Señor. Somos parte de la nueva creación, que hemos renacido por el agua y el espíritu, tenemos la luz de Cristo que nos guía en este mundo oscuro.

El día de hoy se conoce como el Domingo de Laetare. Laetare en latín significa “Regocijarse”. Viene en el punto medio de la Cuaresma como una anticipación de la Pascua. A pesar de la tristeza en el mundo y en nuestra vida personal todavía podemos alegrarnos porque tenemos fe en la Resurrección de que pronto celebraremos en unas semanas y que pronto entraremos en el fin de nuestra vida. Este es el regalo que Jesús nos da. Cuanto más nos damos cuenta de lo que Jesús ha hecho por nosotros, más podremos hacer de nuestra vida un acto de adoración a él y regocijarnos en el Señor siempre. Amén.

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