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Mientras continuamos nuestro camino cuaresmal a tan sólo una semana del punto alto del año litúrgico: la Semana Santa, que comienza próximo domingo con el Domingo de Ramos y culmina en el Triduo Pascual, los tres días más sagrados del año: Jueves Santo, Viernes Santo, y el Sábado de Gloria que nos lleva a la celebración de la Resurrección de Jesús de entre los muertos en el día de Pascua. Y fue casi una semana antes de que fuese a Jerusalén para enfrentar su propia muerte que Jesús resucito a Lázaro de entre los muertos. Fue una señal profunda para los Judíos de ese tiempo y para nosotros hoy. Todos hemos conocido a alguien que ha muerto y esto nos entristece porque en el fondo sabemos que la muerte no debe ser parte de la vida. A pesar de que nos pasa a todos, nuestras almas nos dicen que fuimos creados originalmente para vivir para siempre. Y es por eso que lloramos cuando alguien muere. Incluso Jesús, en su humanidad, lloró por la muerte de su buen amigo.

Ahora, la muerte es una parte triste de la vida en la tierra. Por eso, el gran milagro de resucitar a Lázaro de entre los muertos es casi increíble, excepto que muchos fueron los que la presenciaron, y es por eso que sabemos que es verdad. Y la verdad que Jesús nos revela a través de este milagro es que él es la Resurrección y la Vida, que él es el Señor, el Mesías. Resucitar a los muertos fue una señal del Mesías por los Judíos predicha por los profetas, como escuchamos al Profeta Ezekiel decir en la primera lectura: “Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros y los hare salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel... Entonces les infundiré a ustedes mi espíritu y vivirán… y ustedes sabrán que yo, el Señor lo dije y lo cumplí”

Eso es por lo que Jesús resucitó a Lázaro, para que las personas llegaran a creer que Él es el Señor. Y eso es lo que pasó. Muchos empezaron a creer.

Por eso es tiempo para que nosotros creamos. Para que creamos en el poder de Jesús que nos da la gracia que vence la muerte. Él quiere poner su espíritu en nosotros, para que podamos vivir. Él nos da su espíritu cuando recibimos los sacramentos. Muchas personas se están preparando para recibir sus Sacramentos. Por eso necesitan entenderlos.

El pasado domingo hablamos de la gracia del bautismo cuando el Espíritu Santo quitó el pecado original,sana nuestra ceguera espiritual, y nos ayuda a ver a Jesús como Señor. Por los pecados cometidos después del bautismo, especialmente los pecados mortales que matan sobre todo la vida de la gracia en nuestra alma, se nos da el Sacramento de la Reconciliación en donde Jesús renueva su gracia en nuestras almas. Hace un par de semanas, el Vaticano tuvo un servicio de penitencia dirigido por el Santo Padre, el Papa Francisco. Y cuando se formaron las líneas para el confesionario, adivine quien estuvo al frente de la línea para confesarse primero: el Papa. Sí, incluso el Papa tiene que ir a confesarme. El lunes pasado nuestra parroquia celebro este gran Sacramento de Misericordia con un servicio de penitencia y me sentí como un padre orgulloso de ver a tantos aquí para recibir este gran regalo de sanación. Nos ponemos un poco nerviosos con la Confesión, siempre hay un poco de miedo porque de alguna manera tenemos que entrar en la tumba con todos nuestros pecados. Es como enfrentarse a nuestra propia mortalidad. Pero a través de este acto de humildad enfrente Jesús, Él hace algo hermoso, él nos perdona y nos eleva a una nueva vida.

En el Evangelio Jesús dice: “Lázaro sal de ahí!” Eso es lo que hace por nosotros. Él nos llama a que salgamos de nuestros malos caminos, de esas cosas que causan la muerte a nuestra alma. Después de la resurrección de Lázaro, Jesús dijo: “Desátenlo para que pueda andar” Eso es lo que hace la penitencia por nosotros: nos desata de las cosas que nos atan y nos deja ir libres. Jesús nos libera del orgullo y el egoísmo y todos los pecados que nos impiden caminar en la libertad del amor de Dios. Es un gran milagro que es casi increíble si no la experimentamos por nosotros mismos. Y cada vez que nuestra alma muere al pecado mortal, Jesús viene a nosotros a resucitarnos, porque él es la Resurrección y la Vida. Eventualmente, él quiere tanto que nuestros cuerpos y almas compartan plenamente en su Resurrección. ¿Pero cómo podemos experimentar la resurrección de nuestros cuerpos a la vida eterna, si no permitimos que Jesús resucite primero nuestras almas de entre los muertos, a través del Sacramento de la Reconciliación? En el Evangelio Jesús le dijo a Marta “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá, y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” Y después pregunto: “¿Crees tú esto?” Jesús pide la misma pregunta: “Crees tú esto?” Respondamos como Martha y digamos “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el hijo de Dios” Y mostrémoselo que creemos yendo a la confesión. Es cómo mantenemos el espíritu de Cristo vivo en nosotros.

Muchos de ustedes participaron el viernes y sábado pasado en el retiro y a través de este han renovado su confianza en el Señor y se sienten como si tuvieran una nueva vida. Quiero agradecer a todos los que organizaron y sirvieron en el retiro, pero sobre todo quiero dar las gracias a todos los que sacrificaron su tiempo para participar. Rezo a Dios para que bendiga a ustedes y su familia con muchas gracias.

Como nos preparamos para celebrar la Semana Santa continuemos muriendo a nosotros mismos a través de la oración, el ayuno, obras de caridad y la penitencia, para que podamos experimentar más plenamente La Resurrección y La Vida de Jesucristo. Amén.

Padre Timothy Gallagher

4-5-14

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