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Esta noche entramos en los tres días más Santos del Año Litúrgico, el Triduo Pascual. Jesús personalmente nos ha invitado a compartir estos días con Él como lo hizo con los primeros discípulos. ¿Por qué?, porque Él nos ama como los amo, hasta el final. Jesús le preguntó a sus discípulos y ahora nos pregunta a nosotros: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?” La respuesta a esta pregunta determinará la forma en que vivimos nuestra vida. ¿Comprendemos lo que Jesús ha hecho por nosotros? Él dio por nosotros su Cuerpo y su Sangre, para que el ángel de la muerte pase sobre nosotros, para que como Jesús, podamos pasar de este mundo al Padre.

Escuchamos en la primera lectura sobre la primera Pascua y el escape de la esclavitud de Egipto de los israelitas. Los que siguieron las órdenes del Señor fueron salvados por el Cuerpo y la Sangre del Cordero sin mancha. Los que tomaron la sangre y rociaron las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa y después comieron la carne del cordero de sacrificio se salvaron de la muerte. Fue un ritual extraño, pero aquella noche ellos comprendieron de manera poderosa de lo que el Señor había hecho por ellos.

¿Comprendemos que Jesús ha hecho algo aún más grande para nosotros? ¿Que Él es el Cordero de Dios, cuyo sacrificio perfecto quita los pecados del mundo? ¿Que su Sangre derramada sobre el madero horizontal y vertical de la Cruz es nuestra puerta de entrada al cielo? ¿Y nosotros, que comemos la carne del Cordero de Dios estamos salvados de la muerte eterna? ¿Comprendemos de que Él ha hecho posible lo imposible por nosotros? Ahora es posible escapar de la esclavitud del pecado y de la muerte, si seguimos su mandamiento entregado en la Ultima Cena: “Hagan esto en memoria mía” ¿Comprendemos lo que Jesús en cada Misa hace por nosotros? ¿Comprendemos que la Última Cena fue la primera Misa?

La Misa representa, hace presente la muerte de Cristo. Eso es lo que celebramos esta noche, y cada vez que nos reunimos para celebrar la Cena del Señor. Es por eso que San Pablo nos dice en la segunda lectura “Cada vez que ustedes coman de este pan y beban de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva” Esto no es sólo un ritual, sino que es un acto de salvación de Dios. Si comprendemos esto, desearíamos venir a Misa lo más frecuentemente posible.

Pero, hay algo más que Jesús ha hecho por nosotros que quiere que comprendamos. Que aunque Él es nuestro Dios y Salvador, Él tuvo la humildad de un siervo humildemente quien lavó a los demás los pies. Cuando nos damos cuenta de esto, entonces conocemos lo que es el verdadero sacrificio y nos damos cuenta que tenemos que hacer lo mismo. Padres tienen que servir a sus familias. Esposos tienen que servir a sus esposas, y esposas tienen que servir a sus esposos. Padres tienen que atender a sus hijos. Hermanos y hermanas deben servirse unos a otros. Los feligreses deben servir a otros feligreses. Tenemos que servir con humildad lavándonos unos a otros los pies, cuidando las necesidades diarias unos a otros, amándonos unos a otros hasta el final.

Es una gracia de humildad la que nos esclaviza al servicio amoroso por los demás, haciendo tareas domésticas que se ven por bajo de nosotros en orden de elevar a otros. Esto, sólo es posible cuando nos damos cuenta de que Jesús lo hizo por nosotros. Por Cristo, aprendemos a servir no solo por obligación, sino por amor. Que el modelo a seguir que Cristo nos ha dado sea cada día vivido en nuestra vida, hasta que vuelva. Amén.

Padre Timothy Gallagher

4-16-14

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