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DOMINGO DELA DIVINA MISERICORDIA

Canonización de JPII y Juan XXIII

El día de hoy es un día muy especial por muchas razones. Es el segundo domingo de Pascua y continuamos celebrando la gran Resurrección de Jesús. Es el Domingo de la Divina Misericordia, un día para celebrar esta maravillosa gracia de Dios. Y es un día en el que la Iglesia reconoce dos nuevos santos. Cristo murió y resucitó para hacernos a todos los santos. En el Evangelio el Señor resucitado se presentó a los discípulos y les mostro las heridas que causaron su muerte, sin embargo está totalmente vivo. Estaban encerrados en una habitación, pero Jesús se les aparece y dice: “la paz este con ustedes”

Él hace lo mismo con nosotros cuando nos encerramos en nuestros propios miedos y pecados en la vida, miedo de vivir para Cristo, miedo de admitir ante los demás que somos sus seguidores, dudando de nuestra fe hasta el punto de no practicarla más. Pero Jesús nos encuentra y se hace presente y nos ofrece su paz. Los que estamos reunidos en esta sala el día de hoy y continuamos esa actividad de los primeros cristianos que se reunían todos los domingos como lo hemos escuchado en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, se congregaban para orar en común y celebrar la “fracción del pan”, nosotros somos también visitados por el mismo Señor resucitado que se apareció a los apóstoles. Por medio de la Eucaristía, Jesús se hace presente y nos ofrece su paz.

La Iglesia hoy reconoce a dos grandes hombres de paz que guiaron a la Iglesia como papas. Y ahora los llamamos santos, porque ambos vivieron una vida de heroica virtud. Su presencia en el cielo ha sido verificada por milagros atribuidos a su intercesión. En primer lugar, el Papa San Juan (veintitrés) 23: Nació en el seno de una gran familia pobre en Italia. Eran agricultores. Él era un hombre humilde y alegre que tuvo gran devoción por María. Como sacerdote, trabajó como capellán militar durante la Primera Guerra Mundial. Como Papa, tomó la valiente decisión de llamar a todos los obispos del mundo para que vengan a Roma para un consejo: El Concilio Vaticano II. También se invitó como observadores a miles de hombres y mujeres laicos y miembros de otras formas de la religión.

Fue un evento abierto que Juan veintitrés (23) envisionó abriría las ventanas de la Iglesia para que entrase aire fresco, una metáfora del Espíritu Santo. E hizo precisamente eso: llegar a otro líder religioso para dialogar, la reforma de la liturgia, para ayudar a que las personas participen en la Misa más activamente en sus mentes y corazones, y llamando al mundo entero a un camino de vida santo inspirado en Jesucristo. Fue un nuevo Pentecostés para la Iglesia, una nueva efusión del Espíritu Santo. Desafortunadamente, el Papa Juan veintitrés (XXIII) murió después del primer año del consejo, que duró desde mil novecientos sesenta y dos (1962) hasta mil novecientos sesenta y cinco (1965)

Un cardenal joven de Polonia que estuvo en el Concilio Vaticano II fue nombrado Karol Wojtyla y escribió algunos de los dieciséis (16) documentos del Concilio. En mil novecientos setenta y ocho (1978) fue elegido Papa y tomó el nombre de Juan Pablo II. En su crecimiento el experimento muchas de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación Nazi de su país natal. Cuando el cristianismo era ilegal, se convirtió en sacerdote en una ordenación oculta. Como obispo lideró un movimiento no violento que finalmente terminó con el partido comunista y trajo democracia y libertad de religión a su país. Él amaba el aire libre y estuvo involucrado en la enseñanza de adultos jóvenes de como abrazar y vivir con entusiasmo su fe católica. El promovió la Consagración total a María y el mensaje de la Divina Misericordia.

Como Papa ayudó a las personas a interpretar auténticamente y seguir las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Promovió el sacerdocio y la vida religiosa. Promovió la vida matrimonial y alentó a las familias a rezar y asistir a misa juntos. Defendió la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y ayudó a enseñar la dignidad y el carácter sagrado de la intimidad humana con su Teología del Cuerpo. Uno de los regalos más grandes de la Iglesia y algo muy querido a su corazón, fue el mensaje de la Divina Misericordia. Hizo el segundo domingo de Pascua el Domingo de la Divina Misericordia para que todos llegasen a conocer el gran amor que Dios tiene para la humanidad. El Papa Juan Pablo II murió en el año dos mil cinco (2005) en la vigilia de la Divina Misericordia, después de veintisiete (27) años como Papa. Muchos lo llaman Juan Pablo el Grande y el Papa de la Misericordia, ¡incluyéndome!

El mensaje de la Divina Misericordia es muy importante que nuestro mundo lo escuche. Es algo que la Iglesia siempre ha abrazado desde los tiempos de Jesús, pero los escritos de una monja polaca sin educación, Santa María Faustina, prestó especial atención a la misma. En su diario y guiados por su director espiritual grabó muchas visiones que ella tenía de Jesús. Jesús quería usarla para comunicar su amor y misericordia para el mundo. Él dijo que muchos lo dan por sentado o lo descuidan y por eso estaban perdiendo sus almas.

Él quiso que el Segundo Domingo de Pascua fuese el Domingo de la Divina Misericordia. Quería una imagen de esta misericordia fuese pintada con las palabras inscritas: “Jesús en Ti confío” A pesar de que muchos rechazaron el mensaje que fue aceptado por muchos finalmente y se hizo muy popular. Entonces, a causa de una mala traducción a otros idiomas, fue suprimida por muchos años. Sin embargo el Cardenal Wojtyla tuvo una buena traducción hecha y cuando fue elegido Papa la ofreció al mundo entero. Y por eso ahora podemos ver con nuestros propios ojos que Jesús no quiere condenarnos, sino mostrarnos su gran misericordia y poder decir con confianza una y otra vez: “Jesús en ti confío”

Aunque, el mensaje y la pintura son privada revelación, la Iglesia dijo que es en armonía con la fe y de Juan Pablo II ha dicho que todos deben ser inspirados por el mensaje que explica la gran misericordia que Jesús derrama sobre el mundo. La imagen de la Divina Misericordia muestra la aparición de Jesús a los Apóstoles en el Cenáculo como lo hemos escuchado en el Evangelio del día de hoy. Los dos rayos de luz procedentes de su Sagrado Corazón son el agua y la sangre que derramó cuando fue traspasado en la cruz.

Él le dijo a Sor Faustina que estos representan los dos sacramentos donde derrama su gracia en nuestras almas: El rayo blanco es la gracia del bautismo y el rayo rojo es la gracia de la Santa Eucaristía. Él quiere que no tengan miedo de recibir estas gracias. Él dijo que él va a regresar pronto, pero muchas personas se arriesgan a perderse por la eternidad porque descuidan recibir su misericordia. Todos los domingos se nos da esta misericordia en la forma de la Eucaristía.

Por eso los animó a todos a que vayan a confesarse y se alejen de una vida de pecado y confíen en su misericordia. No importa cuán malos sean sus pecados, Jesús está dispuesto a perdonarlos. Recuerde que cuando se les apareció a sus sacerdotes este es el primer poder que les dio, como lo hemos escuchado en el Evangelio de hoy: sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados les quedaran perdonados” ¡Esto es un gran regalo! El bautismo lava todos los pecado, tanto el pecado original y los pecados actuales. La confesión remueve todos los pecados que cometemos después del bautismo. El Papa San Francisco dice que la confesión es como volver a ser bautizados.

El día de hoy vamos a celebrar a dos nuevos grandes santos con los que Dios nos ha bendecido: Los Papas Santos Juan XXIII (23) y Juan Pablo II. Y celebremos el regalo de la Divina Misericordia que brota del Corazón de Jesús por amor a nosotros y el mundo entero. Que Cristo los colme de su misericordia y de paz. Amén.

Padre Timothy Gallagher

4-25-14

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