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¿Pueden creer que ya sea mayo? Mayo es el mes de María. Es un tiempo especial el cual nos ayuda a fomentar el amor y la devoción a la Madre de Jesús. Jesús ha resucitado de entre los muertos y es el Rey de los Cielos y su Madre María es la Reina. Es una tradición de cantar una canción especial para la Reina del Cielo durante la Pascua llamada Regina Caeli (del latín, Reina del Cielo) y por eso que hoy la cantamos para ayudarnos a sentir la alegría que sintió María en su corazón en la Resurrección de su Hijo. Ustedes pueden personalmente también hacer algo en sus hogares para honrar a María este mes: Tal vez todos los días rezar el Rosario, o poner una estatua en la sala con rosas y una vela para que todos puedan sentir su presencia cuando pasen. Ella siempre está presente, como la estrella más brillante en el cielo nocturne - sólo tenemos que llamarla. Ella es la estrella de Evangelización. María nos ayuda a reconocer y seguir a Jesús, para que podamos vivir nuestra vida en cooperación con él. Aún como cristianos que hemos conocido a Jesús personalmente a través de la fe, llegamos a desorientarnos a causa de pruebas y luchas, encontrándonos caminando alejados de nuestra relación con el Señor.

Esto es lo que estaba pasando en el Evangelio de hoy. Dos discípulos de Jesús estaban en camino de Emaús. No sabemos mucho sobre Emaús. Sólo sabemos que se trataba de una ciudad de Jerusalén, lejos de Tierra Santa. Estaban decepcionados y heridos de que Jesús no parecía ser quien decía ser. Es por es que se fueron y alejaron de todo. Esa es para nosotros una tentación cuando llegamos a estar débiles en la fe, cuando escuchamos una enseñanza de la Iglesia con la que no estamos de acuerdo ó quizás simplemente no entendemos cosas, ó nos distraemos por otras prioridades en la vida. O, a veces puede ser que alguien en la Iglesia nos decepciona o enoja. Cualquiera sea la causa, tenemos la tendencia a perder el interés, nos demos cuenta ó no, y simplemente empezamos alejarnos de todo.

Perdemos esa relación personal, dejamos de orar incluso dejamos de ir a Misa, pero a medida que empezamos a recorrer un camino diferente en la vida, Jesús viene y nos da el encuentro. En nuestra confusión Él camina con nosotros. Él le habla a nuestras dudas aunque es posible que no lo reconozcamos al principio. Lo hace porque nos ama. Él no quiere que andemos caminos equivocados en la vida.

Es por eso que Jesús se les aparece a los discípulos camino a Emaús, Sin embargo al principio ellos no lo reconocieron. Jesús les explico las Escrituras, lo que había ocurrido. ¿Qué son las Escrituras? Son la Palabra de Dios. Y cuando las escucharon sus corazones comenzaron arder en su interior. Jesus después iba a continuar siguiendo su camino, pero los discípulos le rogaron que se quedara con ellos. Esta es una gran lección de cómo opera Dios para nosotros. A veces Él permite que tengamos malas experiencias en la vida, a veces teniendo decepciones, a veces estar heridos ya sea perdiendo el trabajo, ó teniendo una pelea con un familiar ó un ser querido (esposo ó esposa), perdiendo un partido, fallando una prueba, cayendo en pecado. En estos momentos de desilusión Jesús empieza a hablar a nuestros corazones de una manera que nunca lo hubiésemos escuchado antes. En estos momentos difícilessu presencia es más poderosa que en los momentos que las cosas están bien.

Pero tenemos que reconocer su presencia. Él no se fuerza en nosotros. Él comparte con nosotros el misterio de la salvación para evocar la fe en nosotros hasta que queramos escuchar más. Nos mueve a escuchar más las palabras de Dios. Empezamos nuevamente el regresar a Jesús. Comenzamos a querer que se quede con nosotros, a pesar de que tal vez no sepamos que es él. Y así, los dos discípulos en el Evangelio dijeron: “Quédate con nosotros” En nuestros corazones debemos llegar al punto de estar rogándole a Jesús que se quede con nosotros, para que esté a nuestro lado en las pruebas y decepciones de la vida. Para abrir nuestras mentes y corazones a Su sabiduría y a amor que ayuda darle sentido a todo.

La siguiente cosa que hace Jesús es sentarse con los discípulos para cenar. “Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron” Fue en ese momento que eran capaces de reconocer lo que dejaban: salían de Jesús. Por miedo, ira, tristeza y decepción, estaban buscando otro camino. Por eso Jesús los trae nuevamente hacia Él, primero a través de su palabra, y después cuando sus corazones ardían con un deseo por más, les dio el milagro de su real presencia bajo la apariencia de pan, la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre.

Y es importante reconocer el día de la semana todo esto ocurrió. El evangelista Lucas escribe que fue el primer día de la semana. Cada domingo es el primer día de la semana. Por eso la experiencia de los dos discípulos camino a Emaús es el nuestro cada semana, cuando Jesús nos trae nuevamente hacia Él, de regreso al lugar en donde podemos tener un verdadero encuentro con Él en la Santa Misa. En medio de nuestras propias luchas y tentaciones, la Palabra de Dios viene a nosotros y nos habla al corazón. Empezamos a entender la manera en que todas estas se cumplen en Jesús. Empezamos a querer que Jesús se quede con nosotros. Después se parte el pan y Jesús se nos presenta, y si tenemos fe lo reconocemos al partir el pan.

Al final de su encuentro con el Señor Resucitado, ¿qué hicieron los dos discípulos? ¿Se quedaron en ese lugar? ¡No! Ellos regresaron a la senda correcta. Volvieron a Jerusalén, regresaron a la Tierra Santa. Volvieron para tener comunión con sus hermanos, para compartir con ellos esta increíble experiencia. Eso es lo que hacemos cuando nos encontramos con Jesús. El transforma nuestras vidas. Él nos muestra el camino de vida. Él nos da la gracia a través de su palabra para levantar nuestro espíritu. Olvidamos de lo que nos causó preguntarnos y volvemos a lo que dejamos.

Y es por eso que cada domingo volvemos a la Iglesia para tener comunión con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y para alegrarnos de que hemos encontrado a Jesús en el camino de la vida. Y después sentarnos y disfrutar de una comida y renovar nuestra fe a través de la fracción del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía, nosotros también resucitaremos de entre los muertos y nos sentaremos a la diestra de Dios con el Rey y la Reina del Cielo y cantar con todos los santos en la gloria. Amén.

Padre Timothy Gallagher

5-2-14

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