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LA ASENCION DEL SENOR

“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”

El día de hoy celebramos la Ascensión del Señor al Cielo. Antes de irse les dio a sus discípulos lo que llamamos “La Gran Comisión” el mandamiento de hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Es por ello que el bautismo es el comienzo de la vida cristiana cuando nos convertimos en hijos e hijas de Dios. Tenemos un Dios, pero en un gran misterio que sólo podemos conocer a través de la fe, Dios es tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesús, que es el Hijo de Dios vino a revelaros al Padre y darnos el poder del Espíritu Santo. Por el bautismo somos introducidos en la vida de la Santísima Trinidad, hemos nacido nuevamente, llegamos a ser verdaderos discípulos de Cristo.

Incluso cuando podemos en duda estos misterios de Dios. Esta es la condición humana. Simplemente no podemos pensar tan grande. Los discípulos sufrieron de esta duda, incluso en la presencia de Jesús, como lo escuchamos en el Evangelio: “Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban” La duda debilita nuestro testimonio cristiano, nos priva de nuestro celo, y nos turba en espíritu. Pensamos: “¿Cómo puede ser cierto?” O si alguien desafía nuestra fe, decimos “Bueno, tal vez lo que creo que está equivocado”

Una vez más, necesitamos el poder del Espíritu Santo para fortalecernos. Hemos escuchado en la primera lectura que Jesús justo antes de ascender al Cielo prometió enviar al Espíritu Santo. Por eso, el próximo domingo celebraremos el Domingo de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles. El poder del Espíritu Santo nos hace testigos de Dios. Puede pensar en alguien que es testigo de la graduación de escuela secundaria de su hijo y después sale a difundir esta buena noticia a los demás. Y a pesar de que no lo vio es inspirado y le dicen a otros. Después de recibir el Espíritu Santo los apóstoles no dudaron más, sino que fueron inspirados para ir a los confines de la tierra predicando las buenas nuevas de Jesús.

Necesitamos el Espíritu para poder reconocer a Jesús no sólo como hombre, sino como el Hijo de Dios que murió y resucitó por nosotros y ascendió al cielo. San Pablo sabía lo importante que esto era, por eso en la segunda lectura lo escuchamos pedir por los Efesios: “Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de reflexión para conocerlo” Este Espíritu de sabiduría y reflexión viene a nosotros a través de la Confirmación. Llegamos a ser plenamente iniciados en la Iglesia la cual San Pablo dice que es el Cuerpo de Cristo. Pero hay que usar este don para ser vibrantes discípulos de Cristo

Uno de los regalos de este conocimiento que proviene del Espíritu es saber sobre nuestra gran herencia en el cielo con todos los santos. Por eso nuestro mayor deseo debe ser ir al Cielo. Cuando tenemos este objetivo en mente, entonces podemos mantener la motivación y seguir siendo fieles a Cristo - para continuar viviendo la vida cristiana, para cada domingo adorar a Cristo sin dudar, sin importar el sacrificio.

Por eso la confirmación no significa que usted deja de venir a la iglesia o vivir la vida cristiana, sino que le ayuda a hacerlo aun con mayor compromiso. Es como nuestros estudiantes que se gradúan, muchos tienen metas a seguir. La graduación no es el final sino que los lleva al siguiente paso y tener metas le ayudará a aguantar mucho sacrificio en orden de avanzar en la vida. La televisión, películas y canciones en la radio le dicen que la meta de la vida es divertirse. Por supuesto, no hay nada de malo en pasársela bien en la vida y divertirse, siempre y cuando no haya pecado en ella y no dañe su testimonio cristiano. Pero cualquier cosa que persigamos en la vida, tenemos que recordar como cristianos que Jesús nos dio la Gran Comisión a enseñar a otros a observar todas las cosas que nos mandó a hacer, para que también puedan heredar la vida eterna.

Persiga sus metas, persiga sus sueños. Ya sea que vaya a ser médico, abogado, vendedor, técnico de servicio, u hombre de familia, todos estamos llamados a enseñar a otros sobre Cristo. Y la manera principal en que evangelizamos y llamamos a otros a seguir a Cristo es a través de nuestro testimonio. Si otros cristianos ven que se emborracha yendo a fiestas, vistiéndose inmodestamente, hablando un lenguaje grosero, no guardando sagrado y santo el domingo, el día en que Cristo resucitó de entre los muertos, entonces será un testigo pobre. Así que divertirse y buscar un trabajo es importante, pero no permita que estas metas terrenales causen que renuncie a la meta de los Cielos. Es bueno tener metas. Aquellos que tienen verdaderos objetivos serán capaces de sacrificar diversión para un bien mayor, ya sea que algunos vayan a ir a estudios superiores, o a trabajar, o al ejército – sacrificas ahora por un bien mayor más tarde. Y valdrá la pena.

Pero esto también es cierto en nuestra vida cristiana. Nuestra meta es el cielo. Y eso significa sacrificar algunas cosas en la tierra. Al vivir de esta manera usted se convierte en testigo para los demás de algo mucho más grande que cualquier otra cosa en la tierra nos puede dar. Sí, va a ser difícil, a veces muy duro, por dar testimonio de Cristo, por ser un verdadero discípulo no siguiendo las tendencias populares de darle la espalda a la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo con el fin de vivir una vida de diversión o perseguir el sueño de tener una vida exitosa. La mayoría de las personas hacen esto, incluso cristianos. Sin embargo es importante que presentemos diarios discípulos que recuerdan el mensaje de los ángeles a los primeros discípulos después que Jesús ascendió por una nube en el cielo.

Los ángeles dijeron: “Este mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse” Jesús subió a los cielos y está sentado a la diestra de su padre, y vendrá de nuevo en gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Esto es lo que creemos. Y así las palabras de los ángeles nos mantienen motivados en orden de que continuemos dando testimonio de Cristo con nuestras palabras y acciones, en lo que elegimos hacer y optamos por no hacer.

Y cuando llegamos a cansarnos en el camino de la vida y cuando sufrimos de dudas sobre de nuestra fe cristiana, podemos recordar las palabras del mismo Señor Jesús: “sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” Todo lo que tenemos que hacer es pedir al Espíritu Santo y nuestro espíritu se renovara. Que la promesa de Jesús y el poder del Espíritu Santo nos de la confianza de permanecer fiel a él y ser testigos cotidiano hasta que veamos que regrese en las nubes para llevarnos a casa a nuestro Padre Celestial. Amén.

Padre Timothy Gallagher

5-29-14

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