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DOMINGO DE PENTECOSTES 2014

Hemos llegado al último día de Pascua cuando celebramos Pentecostés y la venida del Espíritu Santo. Es una fiesta muy importante por nosotros como Cristianos porque es el nacimiento de la iglesia católica. Lo celebramos 50 días después La Resurrección. Pero antes Pentecostés era una fiesta judía la cual también era conocida como el Festival de Semanas conmemorando los diez mandamientos que Dios le dio a Moisés cincuenta (50) días después del éxodo de Israel de Egipto. La Ley dio a luz a la nación de Israel. Esto los unió y los hizo uno. Pero Dios prometió una nueva ley no escrita en piedra, sino escrita en el corazón humano. Y eso es lo que celebramos hoy como cristianos. Cincuenta días después de la Resurrección de Jesús, el Espíritu Santo descendió del cielo y dio a luz a la Iglesia. Es verdad que Jesús murió para pagar por nuestros pecados y darnos la salvación, y resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo - eso es lo que celebramos en la Pascua. Pero la razón final por la que Jesús vino fue para darnos el Espíritu Santo.

Qué es el Espíritu Santo, sino la vida misma de Dios. Sabemos que algo tiene vida cuando respira. Podemos pensar en un bebé que toma su primer aliento después de haber nacido. Dios también respira, y su soplo es el Espíritu Santo. Jesús vino a compartir ese soplo divino de vida con nosotros. Es por eso que escuchamos en el Evangelio de hoy que después que resucitó de entre los muertos, Jesús se le apareció a los apóstoles y “Sopló sobre ellos y les dijo: Reciban al Espíritu Santo” Este es el soplo que llena nuestras almas y nos permitirá respirar siempre, incluso cuando nuestra respiración natural en la tierra se detenga.

En la primera lectura escuchamos que diez días después que Jesús ascendió a los cielos todos los apóstoles se reunieron, “De repente se oyó un gran ruido que venia del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban” Este viento era Jesús soplando el Espíritu Santo llenando la Iglesia con el soplo de Dios. Es por eso que nos referimos a Pentecostés como el cumpleaños de la Iglesia: Es cuando la Iglesia tomó su primer respiro.

Pero, ¿cómo sabemos que esto pasó realmente? Bueno, ¿cómo podemos determinar si alguien nació realmente? Bueno, primero que todo, vemos a la persona, así sabemos que tuvo que nacer. Después somos testigos visuales del nacimiento. Lo mismo sucede con la Iglesia. La vemos presente incluso dos mil (2000) años más tarde después de Pentecostés. Y aunque no tuvimos la experiencia de Pentecostés, tenemos testigos que han pasado por esta verdad para hacernos creer hoy.

Pero la evidencia más grande de este evento es que la Iglesia es verdaderamente católica, es decir, es universal. No es ningún trabajo del espíritu humano. Esto sólo es posible por el poder del espíritu de Dios. No está hecha de judíos solamente, sino de gentiles. No sólo está compuesta por personas de una parte del mundo, sino de todas partes del mundo, no está hecha de personas que hablan Inglés, sino, de personas de habla española, y de todas las lenguas del mundo. En otras palabras, cuando la Iglesia habla, el mundo entero puede entenderla. Esto es lo que desconcertó a los que fueron testigos del primer Pentecostés. Todos eran de diferentes naciones: Egipto, Asia, Italia, Grecia, Mesopotamia, y sin embargo, todos oyeron los apóstoles hablarles en su lengua nativa. Ellos pudieron entender todo lo que decían acerca de Dios. Y esto es la gran evidencia que sigue dando pruebas de verdad de Pentecostés, la gente estar unidos en una Iglesia que es Santa, católica y apostólica.

El poder del Espíritu Santo nos une a todos como uno solo. San Pablo explica más esto en la segunda lectura. Él dijo: “Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.” Por eso San Pablo explica que en nuestro bautismo nos convertimos en parte del Cuerpo de Cristo, nacemos nuevamente y tomamos nuestro primer aliento como miembros cristianos de la Iglesia. En la Confirmación, el Espíritu es nuevamente derramado sobre nosotros y recibimos la fortaleza de los dones del Espíritu. Estos regalos no nos puso en competencia uno con el otro, pero nos une en servir a los demás.

Pentecostés siguen ocurriendo hoy en cada uno de nosotros, uniéndonos y dándonos poder de lo alto. ¿Cuál es la evidencia? ¿Bueno, alguna vez has dicho que Jesús es el señor? ¿Si alguna vez lo ha dicho, lo ha dicho en serio, desde su corazón, realmente ha significado para usted? ¿Alguna vez lo ha dicho en voz alta o lo ha dicho delante de alguien? ¿Alguna vez ha rezado dicho eso a Jesús? Bueno, si usted tiene esto, es evidente que usted ha tenido la experiencia de Pentecostés, usted tiene el poder del Espíritu Santo en usted porque San Pablo dijo: “Nadie puede llamar a Jesús, “Señor” sino es bajo la acción del Espíritu Santo.”

El Espíritu Santo nos fortalece, nos da poder, nos da la capacidad de hacer cosas que no podríamos hacer por nuestra propia fuerza. Sin embargo tenemos que cooperar con ese poder y no tenerle miedo. Si usted siente que está debilitado el poder del Espíritu Santo en ti, quizás, el día de hoy pueda sólo en silencio orar en su corazón una y otra vez: “Jesús es Señor.” Sólo la oración despierta el poder del Espíritu Santo en su alma.

Y necesitamos ese poder para resistir la tentación. El diablo es un espíritu, que quiere que nos alejemos de Dios. Él no quiere que respiremos para siempre. No quiere que escuchemos la verdad de Dios que nos habla a través de su Iglesia. Y a veces caemos a la influencia de su espíritu y cometemos pecado. El pecado es como el asma a nuestras almas. Y cuando cometemos un pecado mortal perdemos el aliento / soplo de Dios en nuestra alma, es decir, perdemos la gracia de la vida eterna.

Pero Jesús sabía que esto muy bien podía pasarnos. Es por eso que después sopló sobre los Apóstoles y les dio el Espíritu Santo, dijo: “A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados” Por eso hoy los sacerdotes tienen el poder de perdonar los pecados. Cuán bendecidos somos como miembros del Cuerpo de Cristo, como miembros de su Iglesia universal, que podemos ir a un sacerdote y pedir el perdón de nuestros pecados. ¿Cuándo fue la última vez que fue a confesarse? ¿Qué está esperando? La confesión resucita nuestra alma cuando el pecado la ahoga. Imagínese estar en una habitación y el oxígeno comienza a salir. Usted se irritan y agitado. Lo mismo sucede a nuestras almas a través del pecado.     El resultado del pecado es que estamos tristes, enojados, llenos de ansiedad. Así que no esperes más. El Espíritu Santo los está esperando para llenarlos nuevamente con soplo divino, para darle paz de la misma manera que Jesús se la dio a los apóstoles, para darle la gracia que una vez más decir "Jesús es el señor!"

Por eso les deseo a todos un Feliz Cumpleaños y rezo para que el Espíritu Santo sea renovado en ustedes y les conceda el don de la paz. Amén

Padre Timothy Gallagher

6-5-14

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