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Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

El Espíritu del Señor está sobre mí

El día de hoy el Evangelio toma lugar en Nazaret, la ciudad donde Jesús se había criado. Es también la ciudad natal de María y José. En mi peregrinación por Tierra Santa, visitamos Nazaret, la cual en el tiempo de Jesús era de unos doscientos (200) habitantes, pero ahora tiene una población de sesenta mil 60.000; setenta por ciento (70%) musulmanes y treinta por ciento (30%) cristianos. Allí es la iglesia cristiana más grande en Tierra Santa, construida ahí sobre la casa de María, en donde la Anunciación tuvo lugar, y hay también una iglesia construida sobre la casa de José.

El Evangelio de hoy se produce después de haber sido bautizado Jesús por Juan en el Río Jordán y el Espíritu Santo descendido sobre Él en forma de paloma. Después pasa 40 días en el desierto que termina siendo tentado por el diablo. Después de esta prueba, Lucas el evangelista dice que regresó “impulsado por el poder del Espíritu Santo” y en la sinagoga de Nazaret Jesús leyó la profecía de Isaías sobre el Mesías: “El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la Buena Nueva… anunciar la liberación a los cautivos… y proclamar el año de gracia del Señor”. La palabra “Mesías” significa “El Ungido” y los judíos buscaban la venida del Mesías quien sería el que los salvaría de la opresión romana, curaría todos sus males, y cumpliría todos sus sueños. Jesús dice a los de la sinagoga que Él es el cumplimiento de esta profecía, que Él es el Mesías, ¡el ungido!

Imagínese estar allí para experimentar ese momento: muchos pensarían: ¿Es esto verdad? ¿Todo lo que esperamos realmente puede ser verdad? Lamentablemente,noloreciben.Para los que estuvieron en la sinagoga con Jesús ese día, esta Buena Nueva era demasiado buena para creerla. La próxima semana escucharemos que lo expulsaron a Jesus de la ciudad e incluso trataron de matarlo. Estaban llenos del espíritu de la duda y escepticismo. Como seres humanos tenemos miedo a las decepciones, por lo que no creer es más fácil. Sin embargo no podemos recibir lo que Dios nos quiere dar si no creemos.

Como cristianos, podemos ser como aquellos en la sinagoga de Nazaret: Podemos dejar de creer cuando nos basamos sólo en nuestro espíritu humano y no el Espíritu del Señor, El Espíritu Santo, que recibimos en nuestro bautismo y nuevamente en nuestra confirmación. El Espíritu del Señor está también sobre nosotros y hemos sido ungidos con un poder que va más allá de nuestra capacidad humana para darnos funciones particulares en la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo. San Pablo describe estos poderes a los Corintios: “En primer lugar, a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de las lenguas y el de interpretarlas” Desafortunadamente, estamos tan acostumbrados a hacer las cosas en base a nuestro propio poder que nos olvidamos del poder de Dios. Somos tan dependientes de seguir nuestras propias opiniones y deseos que descuidamos la unción del Espíritu Santo que nos ha sido entregada. Llegamos a ser como una flor tan centrada en su propia belleza que se olvida de que el suelo es que la hace crecer. O un hermoso arco iris que no se da cuenta de que ha sido creado por miles de millones de gotas de lluvia invisible que por un breve momento es iluminado por los rayos del sol.

En una forma similar, nuestra vida es un gran regalo creado por Dios. Él nos hizo del polvo de la tierra y nos dio vida por el soplo de su Espíritu en nosotros. Y estamos aquí en esta tierra sólo por un tiempo para darse cuenta de esto. Nosolvidamos fácilmente y desperdiciamos la oportunidad.

Así que tenemos que hacer una devolución al Señor y a su favor. Tenemos que darnos cuenta que no somos nada sin Él; y no podemos usar la excusa de que somos insignificantes o que somos demasiado débiles. San Pablo dice: “Por el contrario, los miembros que parecen más débiles son los más necesarios” Por lo tanto, Dios tiene un plan específico para cada uno de nosotros, un papel importante que desempeñar para todos. Por eso es que tenemos que ser renovados en el Espíritu y confiar en Dios más que en nosotros mismos. El Pueblo de Dios, los judíos, necesitaban una renovación espiritual y para ellos que Jesús venga era un gran favor. El vino a “... proclamar un año de gracia del Señor.” El Papa Francisco, que es el representante de Cristo en la Tierra acaba de proclamar un Jubileo de la Misericordia, todo un año para celebrar la Misericordia de Dios. Para nosotros los cristianos, este es un gran favor si reconocemos la gracia tan grande que se nos está ofreciendo: Si admitimos que somos espiritualmente pobres, que somos ciegos a los caminos de Dios, y que estamos oprimidos por el diablo. Si realmente supiéramos cuánto necesitamos esta gracia, daríamos gracias a Dios por este Año de la Misericordia.

Uno de los grandes beneficios que se ofrece en este Año de la Misericordia son las puertas de la Misericordia que el Papa Francisco abrió en Roma junto a San Pedro para iniciar el Jubileo. Él ha designado Puertas de la Misericordia en el mundo entero. Nosotros pasamos por una en Nazaret en el lugar donde María recibió el mensaje del ángel Gabriel que ella concebiría a Jesús en su seno. En nuestra diócesis, la Catedral de Cristo Rey y el Monasterio del Espíritu Santo son dos (2) de las siete (7) puertas de la Misericordia designadas para que las podamos cruzar. La Puerta Santa se abre para evocar el concepto del perdón, que es el foco principal del Año Santo. En la antigüedad los cristianos practicaban la penitencia pública realizada antes de recibir la absolución. Hoy continuamos haciendo actos de penitencia para evocar la Misericordia de Dios.

El grabado en las puertas santas son diferentes historias de la Biblia que muestran la misericordia de Dios, como la historia del Padre que da la bienvenida con los brazos abiertos a su hijo pródigo. Las puertas de la Misericordia son como nuestro Padre Celestial abriendo los brazos para recibirnos. Todo lo que tenemos que hacer es creer que nos ama y nos perdona y caminar en su abrazo amoroso. Pero tenemos que tener fe y confianza en Dios, que Él no quiere condenarnos sino a amarnos. Es por eso que mientras caminamos por las puertas obtenemos una gracia extraordinaria: una indulgencia plenaria (tiempo libre del purgatorio) cuando oramos por las intenciones del Santo Padre, vamos a la confesión, recibir la santa comunión y tenemos desprendimiento de todo pecado.

Esto no es magia. Este un don de la Misericordia de Dios que podemos recibir cuando tenemos fe. El Papa Francisco dijo que si no podemos caminar a través de las puertas santas entonces debemos ofrecer una de las siete obras de misericordia corporales. Esta gracia es casi demasiado bueno para ser verdad, es casi demasiado fácil; por eso es que tenemos que tener más que nuestro propio espíritu humano y no seguir el espíritu de la duda y el escepticismo como los judíos en el evangelio, tenemos que estar abiertos al poder del Espíritu del Señor. Así que dejemos que este Jubileo sea un año de gracia del Señor que viene a ayudarnos en nuestra pobreza espiritual con la Buena Nueva, para liberarnos de nuestro cautiverio del pecado con su perdón, para sanarnos de nuestra ceguera espiritual con su verdad, y liberarnos de la opresión del mal con el don de su misericordia. Amén.

Padre Timothy J. Gallagher

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