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Segundo Domingo de Cuaresma 2016

La Transfiguración como modelo de oración

Hoy como todos los domingos nos reunimos para orar y escuchar a Jesús, el amado Hijo de Dios, y durante la Cuaresma estamos llamados a dedicar más tiempo a la oración. Jesús es nuestro ejemplo: Cuando El rezaba dice en el Evangelio su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron blancas. La oración cambio a Jesús; y este es para nosotros el poder de la oración. La oración nos cambia, nos puede elevar fuera de los problemas y las preocupaciones del mundo, y nos pone en un diferente lugar que nos lleva al cielo, en la presencia de Dios, y por un momento podemos sentir la gloria del Cielo. Jesús permitió que los tres discípulos viesen la gloria de los Cielos por un momento, ver su cuerpo glorificado. Y este es el objetivo de nuestra vida, entrar al Cielo, y al final recibir un cuerpo glorificado. Por lo tanto, si no estamos orando, la vida cristiana no tiene sentido. La Cuaresma no tiene sentido, y nuestra religión es sólo un montón de rituales. Sin embargo la oración nos cambia porque nos pone en la presencia de Dios. ¿Usted ora? ¿Se ha propuesto orar más en esta Cuaresma? Debemos por lo menos al día orar 30 minutos. ¿Cuánto tiempo que utilizamos viendo T.V., comer, conducir, y otras actividades? Podemos usar estas actividades como oportunidades para orar: Antes y después de las comidas, antes y después de conducir, al principio y al final del día. Hay muchas formas de oración: orar en voz alta o en silencio, alabanza y adoración, oración de petición, acción de gracias, lectio divina, rosario, letanías, novenas, oración con los santos.

Una característica única de la manera de rezar católica, es nuestra oración con los Santos. ¿Qué creamos este tipo de oración por nosotros mismos? ¿Dónde nos enteramos de esta forma de oración? Aprendemos esto de Jesús. En el Evangelio de hoy escuchamos que cuando Jesús estaba orando se le vio conversando con Moisés y Elías. Estos hombres habían muerto mucho tiempo antes de que Jesús, pero allí estaban hablando con él. Nuestra oración nos pone en contacto con la Comunión de los Santos, esos hombres y mujeres santos que nos han precedido. Ellos están en el cielo y mirándonos aquí en la tierra. Ellos han pasado por las pruebas en tierra, y nos pueden ayudar si se lo pedimos. Por eso cuando oramos a los santos tenemos una poderosa ayuda.Ahora alguienpuedepreguntar, ¿Por qué no vamos directamente a Dios cuando oramos? Bueno, ¿Por qué les pedimos a otros que nos ayuden aquí en la tierra, en vez de ir directamente a Dios y pedimos que lo haga? Es porque Dios ha querido que nos ayudemos unos a otros, y esto glorifica a Dios. ¿Qué tratas de arreglar el motor de su coche por sí mismo, o lo preguntas a un mecánico para ayudar? Pedir ayuda. Los santos en realidad nos ayudan con nuestra oración a Dios, y nos ayudan que nuestra oración a Dios sea aún mejor y más afectiva en vez sí sólo lo estaríamos haciéndolo solos.

Sin embargo, es cierto que el fin último y el poder de la oración es traernos a la comunión con Dios. Por eso que después de la conversación con Moisés y Elías, una nube descendió del cielo que representa al Espíritu Santo; y de la nube se escuchó la voz del Padre decir “este es mi Hijo elegido; escúchenlo.” Por eso nuestra oración invita a la presencia del Espíritu Santo y abre nuestros oídos espirituales para escuchar la voz de Dios. De la misma manera que es con la música, si no se enciende la radio no se escuchara y disfrutara de ella. Por eso, si vamos a escuchar a Dios y tener una relación con Él, tenemos que orar. En la oración estamos sintonizados con Dios, en realidad entramos en el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo y nada de lo que hacemos en la vida es más importante. Y cuando nuestra oración se combina con el ayuno y la limosna es aún más potente.

Por supuesto, no toda oración va a ser gloriosa, muchas veces es difícil, muchas veces no sentimos nada ni oímos a nadie, llegamos a cansarnos de intentar y nos damos por vencidos, volvemos a la televisión, a navegar por la Internet, o nos vamos a dormir. Hay mil distracciones que nos alejan de la oración. En el Evangelio, Pedro y sus compañeros habían sido vencidos por el sueño y si no se hubierandespertado, perdido de La Transfiguración. Por eso tenemos que estar alerta. Dios siempreestá presente,y la oraciónnos llevaa su presencia, pero no es como usar a distancia el control remoto de la televisión; Dios no aparece automáticamente con sólo pulsar un botón. No, Él elige siempre y cuando hablar con nosotros. Por eso tenemos que hacer el constante esfuerzo para no perder lo que quiere decirnos.

Tenemos que aprender paciencia y perseverancia. Esto es cierto con cualquier cosa vale la pena hacer en la vida.Si alguien después solo cinco minutos de pesca se rinde, nunca atrapará un pez. Si alguien no invierte más porque no tienen un retorno inmediato, nunca hará dinero. Tenemos que seguir intentando. En nuestra oración, tenemos que tener fe y escuchar y no sólo repetir palabras una y otra vez sin pensar, sin meditar en ellas. Tenemos que orar con el corazón creer que alguien está realmente allí: Que los santos están en la presencia de Dios y ellos ven lo que nosotros no podemos; Que Jesús está en el Cielo con un cuerpo glorificado y nos promete una participación en su gloria; que el Espíritu Santo quiere descender sobre nosotros y darnos el poder con la fuerza divina de vivir una vida cristiana vibrante; y que el Padre nos ama y nos ve como sus elegidos, sus hijos, sus hijas, de la misma manera que lo hizo cuando Jesús oró mientras estaba en la tierra. Que nuestra oración de hoy y todos los días cambie nuestra apariencia, hazque nuestracarasde alegría, quite nuestra ansiedad, fortalezca nuestro espíritu, y nos haga más como Cristo. Amén.

Padre Timothy J. Gallagher

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